Claves para entender a Dalí

“El lenguaje simbólico del mundo subconsciente es el único lenguaje realmente universal y común a todos los hombres (…) porque no depende, como de costumbre, de un estado cultural, ni de una especial disposición de la inteligencia. (…) Es una consecuencia de las grandes constantes vitales: el instinto sexual, el sentimiento de la muerte, la noción física del enigma del espacio, etc., constantes vitales, repito, universales y comunes a todos los hombres.”

Salvador Dalí

paraguas

Genial, excéntrico, objetivo, teatral, visionario, polémico, científico, místico… Salvador Dalí es un artista de difícil clasificación. Sus obras, concebidas como una extensión de su complejidad psicológica y de su vida, fusionan la objetividad con el pensmiento irracional. En ellas, combina magistralmente gran variedad de elementos significativos que sugieren una cantidad inimaginable de lecturas diferentes.
Dalí, siempre interesado por los avances en diversos ámbitos del conocimiento, encarnó el prototipo de creador renacentista que tanto admiraba, capaz de aunar en su obra arte y ciencia.
Convirtió su experiencia vital en una teatralización de su experiencia artística e imprimió a sus cuadros la objetividad científica que habitualmente le servía de inspiración.

Surrealismo y Psicoanálisis

Dalí busca una explicación a sus obsesiones adolescentes en el psicoanálisis freudiano. Se autoanaliza e interpreta episodios de su universo inconsciente, basándose en los planteamientos de Freud. De este modo, logra exteriorizar sus visiones a través de la pintura con un resultado terapeútico.
Dalí no sólo encuentra la manera de analizar sus conflictos, sino que también inventa el imaginario plástico que le permite reflejarlos en sus obras. Lo que comenzó siendo una terapia, se convierte en un proceso expresivo que confiere a sus cuadros vocación artística.
El empleo del método psicoanalítico unido a sus imágenes simbólicas, delirantes y oníricas hicieron que los surrealistas, encabezados por André Bretón, contactaran con él y lo acogieran en el movimiento. Aunque Dalí aprendió mucho del surrealismo, llegó un momento en el que el automatismo de Bretón le parecía insuficiente. De hecho, el movimiento había caído en un círculo vicioso, no evolucionaba, permanecía anclado en el mero recurso de lo onírico.
Dalí entendió que el psicoanálisis proporcionaba una interpretación en la que los símbolos eran comunes para todos los individuos. No tenía en cuenta los deseos inconscientes de cada persona, únicos e intransferibles. El objetivo de Dalí era materializar en sus obras, con la mayor objetividad posible, las imágenes de la irracionalidad concreta, es decir, el sujeto concreto irracional.
Para conseguirlo desarrolló el método paranoico-crítico.

“El gran masturbador” (1929). Óleo sobre lienzo. 110×150 cms. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Madrid.
“Cenicitas-Los esfuerzos estériles” (1927-28). 64×48 cms. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Madrid.
“Los primeros días de la primavera” (1929). Óleo y collage sobre tabla. 49,5×64 cms. The Salvador Dalí Museum, St. Petersburg. Florida.
“Metamorfosis de Narciso” (1937). Óleo sobre lienzo. 51,1×78,1 cms. Tate Gallery. Londres.
“Vestigios atávicos después de la lluvia” (1934). Óleo sobre lienzo. 64×54 cms. Colección privada.
“Los placeres iluminados” (1929). Óleo y collage sobre tabla. 23,8×34,7 cms. Museo de Arte Moderno. Nueva York.

El sueño y las imágenes hipnagógicas

Las imágenes que Dalí plasma en sus cuadros más surrealistas mezclan elementos del mundo real y del mundo onírico.
Para Dalí los sueños están directamente conectados con un hecho real, lo que refuerza su credibilidad y alimenta la confusión entre sueño y realidad. El sueño prolonga la vigilia por caminos más acordes con los deseos del soñador. Determinados episodios ocurridos en la realidad próxima, se desarrollan en la mente dormida según las inquietudes que afectan al individuo que sueña en ese momento.
En ocasiones, tanto en el estado de transición de la vigilia al sueño como al despertar, se producen visiones, alucinaciones visuales que pertenecen al mundo onírico y, sin embargo, se proyectan en el real. Estas fantasías, capaces de evadirse del ámbito de los sueños, reciben el nombre de imágenes hipnagógicas.
Según su propio universo inconsciente, Salvador Dalí mezcla visualmente estas alucinaciones con la realidad perceptiva sobre la que se dibujan. Obtiene imágenes distintas a partir de elementos comunes que se relacionan de diferente manera para cada una de ellas.
La utilización de las imágenes hipnagógicas como recurso plástico conducirá a Dalí a la creación de las imágenes dobles, representación habitual en varias de sus obras de una realidad cambiante.

“Eco morfológico” (1936). Óleo sobre madera. 30,48×33 cms. The Salvador Dalí Museum, St. Petersburg. Florida.
“Eclipse y ósmosis vegetal” (1934). Óleo sobre tabla. 65,5×53,5 cms. Fundació Gala Salvador Dalí. Figueres.
“Fantasías diurnas” (1931). Óleo sobre tela. 81,28×100,33 cms. The Salvador Dalí Museum, St. Petersburg. Florida.
“Monumento hipnagógico” (1934). Óleo sobre tela. 39,3×31,2 cms. Colección privada.

El método paranoico-crítico

La paranoia permite realizar una interpretación completamente desviada de los objetos reales. Al margen de consideraciones de índole psiquiátrica, es una habilidad a través de la cual el cerebro percibe conexiones entre objetos o ámbitos que ni racional ni aparentemente están vinculados entre sí.
Basándose en la capacidad intrínseca de la paranoia como medio de interpretación delirante de la realidad, Dalí inventó el método paranoico-crítico.
En la paranoia, la visión de imágenes, procedentes del inconsciente, depende directamente del tipo de obsesión o delirio que afecte al individuo y es, por tanto, expresión irracional e intransferible de su subjetividad.
Saber mirar es la premisa que toma Dalí como punto de partida para extraer, mediante la observación atenta de la realidad, lo irreal que hay en ella, la dimensión arcana que ella misma esconde.
Para acceder a la irrealidad es fundamental conectar con el sujeto concreto irracional. La práctica de buscar formas reconocibles en las manchas de humedad de la pared o en las nubes, así como las imágenes oníricas e hipnagógicas son muy importantes en este proceso.
La mezcla de la imagen real con la visión delirante, obtenida por cualquiera de los procedimientos mencionados, provoca la aparición de imágenes dobles. Se trata de un fenómeno perceptivo, subjetivo e inconsciente en el que el observador determina la realidad con su propia observación. En función de las visiones inconscientes de cada uno, se producirá una asociación entre éstas y los elementos sobre los que se superponen para dar lugar a distintas configuraciones partiendo de idénticos elementos.
Otro recurso utilizado en distintos momentos de la historia del arte y que Dalí empleó como vehículo plástico del método paranoico-crítico es la anamorfosis. Consiste en la representación de un objeto alterada de modo que, para percibir la imagen correcta, hay que situarse en un punto vista determinado.

“Rostro paranoico” (1935). Óleo sobre madera. 19×23 cms. Colección privada.
“Cisnes reflejando elefantes” (1937). Óleo sobre tela. 51,1×77 cms. Colección privada.
“Soledad paranoico-crítica” (1935). Óleo sobre madera. 19×23 cms. Colección privada.
“Construcción blanda con albaricoques (Premonición de la guerra civil)” (1936). Óleo sobre tela. 99,9×100 cms. Philadelphia Museum of Art. Philadelphia. Colección Louise y Walter Arensberg.
“Suburbios de la ciudad paranoico-crítica” (1936). Óleo sobre madera. 46×66 cms. Colección privada.
“Mercado de esclavos con aparición del busto de Voltaire” (1940). Óleo sobre tela. 46,2×65,2 cms. The Salvador Dalí Museum, St, Petersburg. Florida.

Objetividad de la experiencia irracional

Salvador Dalí, estricto defensor de la objetividad, representó sus experiencias desde un punto de vista objetivo y exacto. Para él, la realidad objetiva se asimila por medio del inconsciente, convirtiéndose en vivencia subjetiva. Sin embargo, al ser interpretada de manera racional y organizada, se recupera como experiencia creativa de carácter objetivo, que queda representada como imagen en cada una de sus obras.
En este proceso de objetivación de la experiencia irracional, es difícil determinar los límites de la realidad y del universo onírico.
Dalí denominó simulacros a las imágenes concretas o delirantes, expresión idealizada del sujeto inconsciente. En la medida que el simulacro imita una realidad en la que los límites quedan desdibujados, adquiere vocación de verosimilitud, llegando a superar el ámbito de lo real propiamente dicho.
En Dalí existen tres grandes simulacros que engloban la totalidad de su imaginería expresiva: la sangre, los excrementos y lo putrefacto.
Dalí representa la repugnancia como un arma defensiva contra el deseo; por ello, vincula el amor verdadero con los excrementos de la amada.
La sangre hace referecia al instinto sexual y a la angustia por la muerte.
Dalí representaba la objetividad pura a través de elementos podridos, en clara oposición a la idealización de carácter romántico. Lo putrefacto resume cualquier manifestación de sentimentalismo, trascendentalismo lloroso, provincianismo, artista alejado de la realidad y, asimismo, a todo aquel que permaneciera anclado en el pasado con una concepción clásico-burguesa del arte en contra del progreso de los nuevos artistas.

“Aparato y mano” (1927). Óleo sobre madera. 62,2×47,6 cms. The Salvador Dalí Museum, St. Petersburg. Florida.
“Estudio para la miel es más dulce que la sangre” (1926). Óleo sobre madera. 37,8×46,2 cms. Fundació Gala Salvador Dalí. Figueres.
“El asno podrido” (1928). Óleo, arena y grava sobre madera. 61×50 cms. Musée National d´Art Moderne, Centre Georges Pompidou. París.
“Burócrata medio atmosfericocefálico ordeñando a un arpa craneal” (1933). Óleo sobre tela. 22,2×16,5 cms. The Salvador Dalí Museum, St. Petersburg. Florida.

La realidad cambiante

La interpretación de los objetos y el entorno a través del método paranoico-crítico da lugar a un modelo de realidad inestable y cambiante.
La observación paranoica introduce distintas configuraciones a partir de elementos iguales que existen en instantes diferentes. En cada momento accedemos a una parte del conocimiento de la realidad, siendo imposible tener acceso a todas las posibilidades al mismo tiempo. Este hecho fue enunciado en el principio de incertidumbre de Heisenberg, base del estudio de la física cuántica.
La realidad, por tanto, no puede limitarse a un mismo flujo espacio-temporal. Existe el tiempo universal, absoluto que se encuentra en las cosas y el tiempo relativo que depende del observador y de sus circunstancias. Dalí, conocedor y estudioso de los avances en física cuántica y de la relatividad einsteiniana, aplicó estos conocimientos en su obra, tamizándolos con su particular visión por medio del método paranoico-crítico, teoría que parecía ser la conclusión directa de los mismos a nivel irracional.
A partir de su interpretación de Einstein, Dalí hace referencia a aquellos instantes en los que la memoria unida al componente afectivo, detienen el discurso temporal en un tiempo sin tiempo y los representa por medio de relojes blandos. O bien, introduce la existencia de un espacio, íntimamente ligado al tiempo y a la afectividad, equivalente a los objetos corporales. Mezcla en una unidad el objeto con la persona vinculada a él, identifica la fusión de ambos con el espacio que ocupan, tanto a nivel físico como afectivo, de modo que su ausencia deja, según sus propias palabras, “un vacío trascendente filosófico visceral”.

“La tentación de San Antonio” (1946). Óleo sobre tela. 89,5×119,5 cms. Musées Royaux des Beaux-Arts de Bélgica. Bruselas.
“Sueño causado por el vuelo de una abeja alrededor de una granada, un segundo antes de despertar” (1944). Óleo sobre madera. 51×41 cms. Colección Thyssen Bornemisza. Madrid.
“La persistencia de la memoria” (1931). Óleo sobre tela. 24,1×33 cms. Museo de Arte Moderno. Nueva York.
“El destete del mueble alimento” (1934). Óleo sobre madera. 17,78×24,13 cms.The Salvador Dalí Museum, St. Petersburg. Florida.
“Bailarina-calavera” (1939). Óleo sobre tela. 24,8×20 cms. Colección Merz, en préstamo permanente al Kunstmuseum Lietchtenstein. Vaduz.
“El enigma sin fin” (1938). Óleo sobre tela. 114,5×146,5 cms. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Madrid.

Misticismo atómico nuclear

La explosión de la primera bomba atómica fue un acontecimiento de suma importancia en la concepción vital y artística de Salvador Dalí. Condicionó el modo en el que imaginaría su futuro y despertó el interés del artista por la física nuclear, un universo misterioso y desconocido.
La fascinación de Dalí por este universo invisible y trascendente, impregnó su obra de un misticismo atómico vinculado a un sentimiento de carácter religioso. De hecho, para el artista, contrariamente al tradicional enfrentamiento entre ciencia y religión, la matemática, la física, el saber científico en general apuntaba hacia la existencia de Dios, aunque él por su parte asegurara “pero yo no me lo creo”.
Consiguió sintetizar en sus cuadros los motivos místico-religiosos y los avances científicos vinculados a la energía atómica y la física cuántica. Los recursos plásticos que utilizó para tal fin son la fragmentación de los objetos en sus elementos constitutivos, a modo de átomos, y la levitación o supresión aparente de la ley de la gravedad. Los objetos parecen flotar en el aire para mostrar una representación atómica de la realidad.
En estas obras, Dalí parece detener el tiempo, mejor dicho, parece acceder al tiempo absoluto existente en el vacío primigenio que precede a todas las cosas y que necesita un fenómeno que lo haga fluctuar para actualizarse como, por ejemplo, una explosión atómica.

“Las tres esfinges de bikini” (1947). Óleo sobre tela. 40,6×51,4 cms. Morohashi Museum of Modern Art, Fukushima. Japón.
“Idilio atómico uránico melancólico” (1945). Óleo sobre tela. 66,5×86,5 cms. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Madrid.
“Galatea de las esferas” (1952). Óleo sobre tela. 65×54 cms. Teatre-Museu Dalí.

Geometría matemática

Desde la adolescencia, Salvador Dalí fue un estudioso de los temas científicos y sus avances en un amplio abanico de materias. Su biblioteca contaba con numerosos tratados matemáticos que desarrollaban los principios geométricos que fueron aplicados a la composición plástica por los artistas del Renacimiento; principios presentes, asimismo, en la organización de los elementos constitutivos de las formas naturales.
Dalí estudió la obra de Ramón Llull que intentó demostrar la existencia de Dios a través de la percepción matemática de figuras geométricas. Con la ayuda del matemático Matila Ghyka, profundizó en las posibilidades compositivas de la proporción aúrea, llegando a sintetizar en su obra “Leda atómica” siglos de tradición pitagórica en un análisis geométrico basado en el pentagrama místico de Pitágoras.
A lo largo de la historia del arte, diversos artistas han buscado un volumen geométrico simple al que se pudiera llegar a partir de cualquier forma compleja. Para Leonardo da Vinci fue el huevo, Ingres se decantó por la esfera, mientras que Cezánne eligió el cubo y el cilindro. Dalí, por su parte, encontró un volumen en el que halló equivalencia con las curvas de la anatomía humana: el cuerno de rinoceronte. Para el artista, esta forma era la representación de la geometría divina, puesto que se desarrollaba en una progresión espiral logarítimica.
Con el cuerno de rinoceronte como protagonista, Dalí organizó distintas intervenciones públicas en las que establecía vínculos con el cuadro “La encajera” de Vermeer de Delft. El propio artista realizó una versión de esta obra en la que la estructura compositiva quedaba definida con cuernos de rinoceronte.
Otro descubrimiento daliniano que fusiona mística y matemática es el hipercubo desplegado. Se trata de una estructura de 4 dimensiones constituida por cubos. Su virtualidad radica en la imposibilidad de existir corpóreamente en un mundo de 3 dimensiones. Por ello, resultó ser el soporte ideal para las imágenes religiosas vinculadas a la concepción mística de la matemática aplicada a los cuerpos geométricos.

“Figura rinoceróntica del Ilisos de Fidias (1954)”. Óleo sobre tela. 101,5×131 cms. Teatre-Museu Dalí.
“Leda atómica” (1947). Óleo sobre tela. 61×46 cms. Fundació Gala Salvador Dalí. Figueres.
“La madona de Port Lligat” (1950). Óleo sobre tela. 275,3×209,8 cms. Fukuoka Art Museum, Fukuoka. Japón.

Si deseas tener “Claves para entender a Dalí” en versión podcast para escucharlo en cualquier lugar, pulsa en la imagen siguiente:

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Enlaces recomendados:
Fundació Gala Salvador Dalí
Salvador Dalí en el Museo Reina Sofia
The Salvador Dalí Museum, St. Petersburg, Florida
Philippe Halsman & Salvador Dalí
La encajera y el cuerno de rinoceronte

Bibliografía:
Visa, Miquel. “Dalicedario. Abecedario de Salvador Dalí”. Ed. Milenio. Lleida. 2003.
Bou, Enric. “Daliccionario. Objetos, mitos y símbolos de Salvador Dalí”. Tusquets Editores. Barcelona. 2004.

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