Las bases del futuro. Arco 2018

“El futuro depende de lo que hagas hoy”

Mahatma Gandhi

Eduardo Navarro-Instruction from the Sky
Eduardo Navarro. “Instruction from the Sky”. (2016). Frieze Projects, Randall’s Island Park. Galería Nara Roesler.

A lo largo de la historia, la noción de futuro ha ido modificándose en función del número de cambios asimilables por la humanidad y de la rotundidad de éstos. En períodos de bonanza económica y estabilidad social, lo que depara el futuro es una cuestión secundaria. Cuando los principios se tambalean, las conciencias se desdibujan y lo único permanente es un entorno cambiante en una sociedad que duda, el futuro adquiere tal importancia que pasa a convertirse en un ansiado presente con vocación de mañana. Deja de ser un tiempo que está por llegar y se intuye como un entorno cultural, artístico, social, filosófico, científico …. que comienza a construirse en el ahora.

Este futuro, gestado en un presente que prepara el mañana, necesita de ciertos principios para llegar a ser:

  • Espíritu destructivo y constructivo, que permita romper lo que no funciona, mantener lo que es válido y construir sobre buenas bases.
  • Iniciativa, capacidad individual de comenzar proyectos, buscar soluciones.
  • Creatividad, capacidad para generar nuevos conceptos, nuevas formas de asociar los existentes proporcionando soluciones poco habituales.
  • Conciencia activa, actitud participativa en la que se asume que cualquier proceso importante a nivel global tiene su origen a nivel individual.
  • Humildad, capacidad de conocer y asumir las propias limitaciones y hacer notar a los demás las suyas.

El presente

Vivimos una etapa en la que globalidad e individuo son ámbitos falsamente conciliados. La globalidad abarca gran variedad de comportamientos, actitudes, identidades, culturas, visiones, que pugnan entre sí por lograr la preponderancia sobre las demás, aunque esta rivalidad no se manifieste abiertamente. La lucha por el dominio se disfraza de pluralidad, de convivencia, de respeto por el universo ajeno.

El individuo, perdido en esta ambigüedad, se halla en un estado de duda permanente que le lleva a cuestionar cualquier circunstancia. Principios establecidos como válidos son ninguneados. La conciencia social, la búsqueda del conocimiento o la verdad matemática son controvertidos desde un punto de vista subjetivo y arbitrario, no estudiado y avalado. No se trata, por tanto, de la evolución del saber que, impulsada por la curiosidad y la duda científica, llega a nuevas conclusiones desechando las que ya no son válidas gracias a la investigación, el estudio e incluso la casualidad, sino del establecimiento de la opinión individual como principio básico del conocimiento. Existe, por tanto, la creencia de que la autoexpresión, por el hecho de producirse, debe elevarse al rango de saber enciclopédico.

En la sociedad de la globalización, el individuo, con un enorme acceso a la información y más ignorante que nunca, se convierte en el centro de muchos procesos sociales, artísticos, culturales, científicos. Un individuo acrítico que cree actuar en virtud de su libre albedrío, cuando, en realidad, no es más que un eslabón de las redes de información que entretejen el pensamiento global. Un individuo absorto en su individualismo.

Construir el futuro

La sociedad actual es compleja y diversa, necesita de un enfoque que reconozca y permita la manifestación del ser humano en su individualidad y diversidad. Una perspectiva que potencie la conciliación, la convivencia y el establecimiento de vínculos culturales, sociales, científicos, filosóficos, afectivos.

El lenguaje artístico es un canal idóneo para la expresión de la individualidad como sinónimo de lo distinto, lo particular y lo concreto. La dimensión conceptual, poética y discursiva del lenguaje creativo surge como algo inconcluso que encuentra en la obra, su vía de difusión, y en el espectador y su ámbito connotativo, el receptor participativo de su mensaje.

El lenguaje artístico manifiesta universos creativos únicos y vivencias propias que, al expresarse, pueden suscitar una respuesta empática en el observador copartícipe de la obra y transformar la individualidad en un proceso de interacción afectivo-social, por medio del cual la experiencia individual se convierte en un ítem constitutivo de la sociedad.

El lenguaje artístico constituye una vía interesante para construir un futuro deseable. Ahora bien, para que se produzca el salto desde la vivencia individual a la colectiva es imprescindible que el mensaje incompleto inherente a la obra de arte sea asumido por el espectador para que se convierta algo coherente y definitivo.

El futuro es lo que vamos a hacer

Esta premisa es el punto de partida de “El Futuro”, espacio expositivo de ARCO 2018, que engloba las vías creativas por las que se desarrollará la producción artística en el futuro que se gesta ahora.

Las tendencias artísticas incluidas en este espacio apelan a la empatía del observador y a su capacidad de experimentar el lenguaje creativo, más que de interpretarlo. Abordan las siguientes cuestiones:

  • Redefinición de los conceptos enciclopédicos básicos. Transcripción de las nociones definidas en un plano objetivo a otro subjetivo que las reconstruye incorporando vivencias individuales y/o colectivas.
  • Definición de nuevos espacios perceptivos, nuevos entornos de interacción, nuevas geografías que llevan al establecimiento de otros enfoques que tienden a la objetivación de la experiencia individual.
  • Dinámicas que buscan dar visibilidad a colectivos minoritarios, reclamar sus derechos o institucionalizar actitudes, comportamientos, sexualidades o percepciones de la realidad alternativos.
  • Enfoques que abordan las relaciones entre humanos y animales, desde una perspectiva primitivista de armonía primigenia hasta situaciones de enfrentamiento y lucha con alusiones al movimiento por la liberación y derechos de la comunidad animal.
  • Crítica de los procesos rutinarios basados en la repetición de la actividad mundana diaria, en el encorsetamiento burocrático y en los comportamientos provocados por la presión social que anulan por completo el carácter personal, íntimo e individual.

El discurso de las obras que habitan este “futuro que vamos a hacer” apuesta por una democratización del “aura” definida por Walter Benjamin. La esencia de la obra, aquello que la hace única, se aleja ligeramente de la compleja red de significados y referencias de ediciones anteriores, al menos en este espacio conceptual de la feria. Se convierte en algo que el espectador puede experimentar haciéndolo propio, sin necesidad de interpretar códigos o tener nociones avanzadas de arte contemporáneo. La empatía da paso a la confianza y a la seguridad. Comienza a gestarse el futuro.

Algunos artistas presentes en “El futuro es lo que vamos a hacer” en ARCO 2018

Regina Giménez

Regina Giménez-Sin título Regina Giménez-Sin título. Serie Dimensiones comparadas
“Sin título” (2017) Collage y gouache sobre lienzo 100 x 140 cm. © Roberto Ruiz
“Sin título. Serie Dimensiones comparadas” (2016) Gouache sobre papel 95 x 68 cm. © Roberto Ruiz

Barbara Kasten

Barbara Kasten-Parallels I Barbara Kasten-Collision 6E
“Parallels I” (2017). Acrílico fluorescente. 81,5 x 249 x 244 cm
“Collision 6E” (2017). Fujiflex Digital Print Framed. 160 x 122 cm

Eva Fábregas

Eva Fábregas-Picture yourself as a block of melting butter Eva Fábregas-Collapsible units
“Picture yourself as a block of melting butter” (2017). Cortesía de la artista y la Fundació Joan Miró. Barcelona. Tenderpixel.
“Collapsible units” (2014). Cortesía de la artista y García Galería. Madrid. Tenderpixel.

Álvaro Urbano y Petrit Halilaj

Álvaro Urbano y Petrit Halilaj-From the birds Álvaro Urbano y Petrit Halilaj-What comes first
“From the birds” (2015)
“What comes first” (2015)

Eduardo Navarro

Eduardo Navarro-Horses don´t lie Eduardo Navarro-Timeless Alex
“Horses don´t lie” (2013). Objeto performance
“Timeless Alex” (2015). Performance. Surround Audience. New Museum Triennial. New York

Lin May Saeed

Lin May Saeed-The liberation of the animals from their cages IXX Lin May Saeed-Fox
“The liberation of the animals from their cages IXX” (2016)
Herramienta de acero y laca. 196 x 104 x 7 cm
“Fox” (2017). Bronce, laca, avellanas. 140 x 300 x 36 cm
La fine de Babylone. ¡Estoy sorprendido de que estoy tan feliz!

Lili Reynaud-Dewar

Lili Reybaud-Dewar-Live Through That?! Lili Reynaud-Dewar-Live Through That?!
“Live Through That?! (2014). Traje, camisa, espuma, fotografía recortada, cinta adhesiva y vidrio.
“Live Through That?!” (2014). madera, tela, algodón, sábana, bases de mesa, altavoz, amplificador, tinta, reproductor de cd y cd.

OPAVIVARÁ!

Opavivara-Colorbar Opavivara-Espreguiçadeira multi
“Colorbar” (2011)
“Espreguiçadeira multi” (2010)

Teresa Solar Abboud

Teresa Solar Abboud-Being a person you didn´t you were (still) Teresa Solar Abboud-Crushed by pressure
“Being a person you didn´t you were (still)” (2017) Vídeo HD, color, sonido, 1´22´´
“Crushed by pressure, debris” (2017). Tubos de acero galvanizado de 4 cm de diámetro, cuerdas y cerámica rosa esmaltada. 108 x 170 x 60 cm

Patricia Domínguez

Patricia Domínguez-Eres un princeso 4 Patricia Domínguez-Los ojos serán lo último en pixelarse
“Eres un princeso 4” (2013). Lápiz y acuarela sobre papel con objeto de cerámica. 108 x 77 cm
“Los ojos serán lo último en pixelarse”

Enlaces recomendados:

Más sobre la obra de Regina Giménez
Website de Lin May Saeed
Website de Lili Reynaud-Dewar
Website de Eduardo Navarro
Website de Barbara Kasten
Website de Teresa Solar Abboud
Website de Ramaya Tegegne
Website de Eva Fábregas
Website de Álvaro Urbano

 

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La realidad cambiante: Arco 2014

Todos tendemos a pensar que vemos las cosas como son, que somos objetivos. Pero no es así. Vemos el mundo, no como es, sino como somos nosotros o como se nos ha condicionado para que lo veamos. Cuando abrimos la boca para describir lo que vemos, en realidad nos describimos a nosotros mismos, a nuestras percepciones, a nuestros paradigmas.

Stephen Covey

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Si hubiera una consigna que pudiera englobar las obras expuestas en Arco 2014, sería la de la realidad cambiante. Las propuestas ofrecen una percepción de esa realidad en la que el instante y la ubicación del espectador son fundamentales para la “recepción” del mensaje que transmite la obra. Una misma propuesta artística ofrece múltiples posibilidades de lectura para cada observador. Estas posibilidades para ser descubiertas exigen, a veces de manera sutil y otras más evidente, que se produzca una interacción con el visitante.

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Nancy La Rosa. “Obturador emancipado”
José María Sicilia. “The instant”.
Guillermo Mora. “Hacia blanco”.
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Anni Leppälä. “Just before dark (girl with red ribbon)”
Escultura de Jenny Holzer.
Alejandra Freymann. “Primero una montaña”.

En algunas propuestas, la realidad cambiante va sucediendo a través del movimiento. Estructuras que giran realizando dibujos en la arena, bloques de pigmento que van rotando para dar lugar a distintas formas. Cada instante ofrece una visión diferente, inestable. Aunque en esencia la propuesta artística siga siendo la misma, su identidad no es única, sino múltiple, en cuyo caso, ¿podría hablarse de identidad, de pérdida de la identidad o tal vez de una identidad instantánea?

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David Medalla. “Cloud Gates-Bubble machine”.
David Medalla. “Sand machine”.
Juan Asensio. “Colonias”.
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Francisco Sobrino. “Movimiento virtual”.
Vassilakis Takis. “Signal Eolien”.
Obras de Manuel Mérida.

Otras, juegan a reflejar lo que ocurre ante ellas con un filtro coloreado, sufren cambios cromáticos en función de la ubicación del observador, creando una mezcla lumínica de tonos efímera, fugaz.

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Peter Zimmermann. “Paragon”.
Javier Garcera. “A ochenta y tres centímetros”.
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Santiago Villanueva. “Evidence”.
Julio Le Parc. “Polyedre bleu”

La realidad cambiante también se hace manifiesta cuando una obra es expresada para ser percibida bajo un marco de experiencia diferente, es decir, desde el otro lado. De este modo, se crean, nuevos códigos de comunicación o bien se importan de otros ámbitos para expresar realidades que, normalmente, le son ajenas.

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Andrea Canepa. “Inventario”.
Mia Hamari. “Traveller”.
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Obra de Kaarina Kaikkonen.
 Otavio Schipper. “Glasses to Ernst Lanzer”.
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Mateo Maté. “Montañas de periódicos”.
Mónica Bengoa. “Proyecto Still Life”.

La realidad cambiante conduce, en ocasiones, a la confusión, en la medida que los principios que servían de base a la identidad se tambalean, se vuelven inestables. Otras veces, produce un bloqueo ante la imposibilidad de saber cómo reaccionar a lo imprevisible. Sin embargo, también puede suponer un salto a un nivel evolutivo superior, al igual que ocurre en los sistemas dinámicos cuando el nivel de entropía provoca una alteración importante en las estructuras básicas. Día a día asistimos a un cambio profundo en los principios que sustentan la realidad. El arte lleva años preparándose para dar ese salto y, en ocasiones, ya está dándolo.

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Grönlund-Nisunen. “Unstable matter”.
Ville Andersson. “Reflection”.
Šejla Kamerić. “Missing”.
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Omar Barquet, Mauro Giaconi, José Luis Landet. “Páramo”.
Elina Brotherus. “L´etang”.
Tony Oursler.  “Kin”.

Claves para entender a Dalí

“El lenguaje simbólico del mundo subconsciente es el único lenguaje realmente universal y común a todos los hombres (…) porque no depende, como de costumbre, de un estado cultural, ni de una especial disposición de la inteligencia. (…) Es una consecuencia de las grandes constantes vitales: el instinto sexual, el sentimiento de la muerte, la noción física del enigma del espacio, etc., constantes vitales, repito, universales y comunes a todos los hombres.”

Salvador Dalí

paraguas

Genial, excéntrico, objetivo, teatral, visionario, polémico, científico, místico… Salvador Dalí es un artista de difícil clasificación. Sus obras, concebidas como una extensión de su complejidad psicológica y de su vida, fusionan la objetividad con el pensmiento irracional. En ellas, combina magistralmente gran variedad de elementos significativos que sugieren una cantidad inimaginable de lecturas diferentes.
Dalí, siempre interesado por los avances en diversos ámbitos del conocimiento, encarnó el prototipo de creador renacentista que tanto admiraba, capaz de aunar en su obra arte y ciencia.
Convirtió su experiencia vital en una teatralización de su experiencia artística e imprimió a sus cuadros la objetividad científica que habitualmente le servía de inspiración.

Surrealismo y Psicoanálisis

Dalí busca una explicación a sus obsesiones adolescentes en el psicoanálisis freudiano. Se autoanaliza e interpreta episodios de su universo inconsciente, basándose en los planteamientos de Freud. De este modo, logra exteriorizar sus visiones a través de la pintura con un resultado terapeútico.
Dalí no sólo encuentra la manera de analizar sus conflictos, sino que también inventa el imaginario plástico que le permite reflejarlos en sus obras. Lo que comenzó siendo una terapia, se convierte en un proceso expresivo que confiere a sus cuadros vocación artística.
El empleo del método psicoanalítico unido a sus imágenes simbólicas, delirantes y oníricas hicieron que los surrealistas, encabezados por André Bretón, contactaran con él y lo acogieran en el movimiento. Aunque Dalí aprendió mucho del surrealismo, llegó un momento en el que el automatismo de Bretón le parecía insuficiente. De hecho, el movimiento había caído en un círculo vicioso, no evolucionaba, permanecía anclado en el mero recurso de lo onírico.
Dalí entendió que el psicoanálisis proporcionaba una interpretación en la que los símbolos eran comunes para todos los individuos. No tenía en cuenta los deseos inconscientes de cada persona, únicos e intransferibles. El objetivo de Dalí era materializar en sus obras, con la mayor objetividad posible, las imágenes de la irracionalidad concreta, es decir, el sujeto concreto irracional.
Para conseguirlo desarrolló el método paranoico-crítico.

“El gran masturbador” (1929). Óleo sobre lienzo. 110×150 cms. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Madrid.
“Cenicitas-Los esfuerzos estériles” (1927-28). 64×48 cms. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Madrid.
“Los primeros días de la primavera” (1929). Óleo y collage sobre tabla. 49,5×64 cms. The Salvador Dalí Museum, St. Petersburg. Florida.
“Metamorfosis de Narciso” (1937). Óleo sobre lienzo. 51,1×78,1 cms. Tate Gallery. Londres.
“Vestigios atávicos después de la lluvia” (1934). Óleo sobre lienzo. 64×54 cms. Colección privada.
“Los placeres iluminados” (1929). Óleo y collage sobre tabla. 23,8×34,7 cms. Museo de Arte Moderno. Nueva York.

El sueño y las imágenes hipnagógicas

Las imágenes que Dalí plasma en sus cuadros más surrealistas mezclan elementos del mundo real y del mundo onírico.
Para Dalí los sueños están directamente conectados con un hecho real, lo que refuerza su credibilidad y alimenta la confusión entre sueño y realidad. El sueño prolonga la vigilia por caminos más acordes con los deseos del soñador. Determinados episodios ocurridos en la realidad próxima, se desarrollan en la mente dormida según las inquietudes que afectan al individuo que sueña en ese momento.
En ocasiones, tanto en el estado de transición de la vigilia al sueño como al despertar, se producen visiones, alucinaciones visuales que pertenecen al mundo onírico y, sin embargo, se proyectan en el real. Estas fantasías, capaces de evadirse del ámbito de los sueños, reciben el nombre de imágenes hipnagógicas.
Según su propio universo inconsciente, Salvador Dalí mezcla visualmente estas alucinaciones con la realidad perceptiva sobre la que se dibujan. Obtiene imágenes distintas a partir de elementos comunes que se relacionan de diferente manera para cada una de ellas.
La utilización de las imágenes hipnagógicas como recurso plástico conducirá a Dalí a la creación de las imágenes dobles, representación habitual en varias de sus obras de una realidad cambiante.

“Eco morfológico” (1936). Óleo sobre madera. 30,48×33 cms. The Salvador Dalí Museum, St. Petersburg. Florida.
“Eclipse y ósmosis vegetal” (1934). Óleo sobre tabla. 65,5×53,5 cms. Fundació Gala Salvador Dalí. Figueres.
“Fantasías diurnas” (1931). Óleo sobre tela. 81,28×100,33 cms. The Salvador Dalí Museum, St. Petersburg. Florida.
“Monumento hipnagógico” (1934). Óleo sobre tela. 39,3×31,2 cms. Colección privada.

El método paranoico-crítico

La paranoia permite realizar una interpretación completamente desviada de los objetos reales. Al margen de consideraciones de índole psiquiátrica, es una habilidad a través de la cual el cerebro percibe conexiones entre objetos o ámbitos que ni racional ni aparentemente están vinculados entre sí.
Basándose en la capacidad intrínseca de la paranoia como medio de interpretación delirante de la realidad, Dalí inventó el método paranoico-crítico.
En la paranoia, la visión de imágenes, procedentes del inconsciente, depende directamente del tipo de obsesión o delirio que afecte al individuo y es, por tanto, expresión irracional e intransferible de su subjetividad.
Saber mirar es la premisa que toma Dalí como punto de partida para extraer, mediante la observación atenta de la realidad, lo irreal que hay en ella, la dimensión arcana que ella misma esconde.
Para acceder a la irrealidad es fundamental conectar con el sujeto concreto irracional. La práctica de buscar formas reconocibles en las manchas de humedad de la pared o en las nubes, así como las imágenes oníricas e hipnagógicas son muy importantes en este proceso.
La mezcla de la imagen real con la visión delirante, obtenida por cualquiera de los procedimientos mencionados, provoca la aparición de imágenes dobles. Se trata de un fenómeno perceptivo, subjetivo e inconsciente en el que el observador determina la realidad con su propia observación. En función de las visiones inconscientes de cada uno, se producirá una asociación entre éstas y los elementos sobre los que se superponen para dar lugar a distintas configuraciones partiendo de idénticos elementos.
Otro recurso utilizado en distintos momentos de la historia del arte y que Dalí empleó como vehículo plástico del método paranoico-crítico es la anamorfosis. Consiste en la representación de un objeto alterada de modo que, para percibir la imagen correcta, hay que situarse en un punto vista determinado.

“Rostro paranoico” (1935). Óleo sobre madera. 19×23 cms. Colección privada.
“Cisnes reflejando elefantes” (1937). Óleo sobre tela. 51,1×77 cms. Colección privada.
“Soledad paranoico-crítica” (1935). Óleo sobre madera. 19×23 cms. Colección privada.
“Construcción blanda con albaricoques (Premonición de la guerra civil)” (1936). Óleo sobre tela. 99,9×100 cms. Philadelphia Museum of Art. Philadelphia. Colección Louise y Walter Arensberg.
“Suburbios de la ciudad paranoico-crítica” (1936). Óleo sobre madera. 46×66 cms. Colección privada.
“Mercado de esclavos con aparición del busto de Voltaire” (1940). Óleo sobre tela. 46,2×65,2 cms. The Salvador Dalí Museum, St, Petersburg. Florida.

Objetividad de la experiencia irracional

Salvador Dalí, estricto defensor de la objetividad, representó sus experiencias desde un punto de vista objetivo y exacto. Para él, la realidad objetiva se asimila por medio del inconsciente, convirtiéndose en vivencia subjetiva. Sin embargo, al ser interpretada de manera racional y organizada, se recupera como experiencia creativa de carácter objetivo, que queda representada como imagen en cada una de sus obras.
En este proceso de objetivación de la experiencia irracional, es difícil determinar los límites de la realidad y del universo onírico.
Dalí denominó simulacros a las imágenes concretas o delirantes, expresión idealizada del sujeto inconsciente. En la medida que el simulacro imita una realidad en la que los límites quedan desdibujados, adquiere vocación de verosimilitud, llegando a superar el ámbito de lo real propiamente dicho.
En Dalí existen tres grandes simulacros que engloban la totalidad de su imaginería expresiva: la sangre, los excrementos y lo putrefacto.
Dalí representa la repugnancia como un arma defensiva contra el deseo; por ello, vincula el amor verdadero con los excrementos de la amada.
La sangre hace referecia al instinto sexual y a la angustia por la muerte.
Dalí representaba la objetividad pura a través de elementos podridos, en clara oposición a la idealización de carácter romántico. Lo putrefacto resume cualquier manifestación de sentimentalismo, trascendentalismo lloroso, provincianismo, artista alejado de la realidad y, asimismo, a todo aquel que permaneciera anclado en el pasado con una concepción clásico-burguesa del arte en contra del progreso de los nuevos artistas.

“Aparato y mano” (1927). Óleo sobre madera. 62,2×47,6 cms. The Salvador Dalí Museum, St. Petersburg. Florida.
“Estudio para la miel es más dulce que la sangre” (1926). Óleo sobre madera. 37,8×46,2 cms. Fundació Gala Salvador Dalí. Figueres.
“El asno podrido” (1928). Óleo, arena y grava sobre madera. 61×50 cms. Musée National d´Art Moderne, Centre Georges Pompidou. París.
“Burócrata medio atmosfericocefálico ordeñando a un arpa craneal” (1933). Óleo sobre tela. 22,2×16,5 cms. The Salvador Dalí Museum, St. Petersburg. Florida.

La realidad cambiante

La interpretación de los objetos y el entorno a través del método paranoico-crítico da lugar a un modelo de realidad inestable y cambiante.
La observación paranoica introduce distintas configuraciones a partir de elementos iguales que existen en instantes diferentes. En cada momento accedemos a una parte del conocimiento de la realidad, siendo imposible tener acceso a todas las posibilidades al mismo tiempo. Este hecho fue enunciado en el principio de incertidumbre de Heisenberg, base del estudio de la física cuántica.
La realidad, por tanto, no puede limitarse a un mismo flujo espacio-temporal. Existe el tiempo universal, absoluto que se encuentra en las cosas y el tiempo relativo que depende del observador y de sus circunstancias. Dalí, conocedor y estudioso de los avances en física cuántica y de la relatividad einsteiniana, aplicó estos conocimientos en su obra, tamizándolos con su particular visión por medio del método paranoico-crítico, teoría que parecía ser la conclusión directa de los mismos a nivel irracional.
A partir de su interpretación de Einstein, Dalí hace referencia a aquellos instantes en los que la memoria unida al componente afectivo, detienen el discurso temporal en un tiempo sin tiempo y los representa por medio de relojes blandos. O bien, introduce la existencia de un espacio, íntimamente ligado al tiempo y a la afectividad, equivalente a los objetos corporales. Mezcla en una unidad el objeto con la persona vinculada a él, identifica la fusión de ambos con el espacio que ocupan, tanto a nivel físico como afectivo, de modo que su ausencia deja, según sus propias palabras, “un vacío trascendente filosófico visceral”.

“La tentación de San Antonio” (1946). Óleo sobre tela. 89,5×119,5 cms. Musées Royaux des Beaux-Arts de Bélgica. Bruselas.
“Sueño causado por el vuelo de una abeja alrededor de una granada, un segundo antes de despertar” (1944). Óleo sobre madera. 51×41 cms. Colección Thyssen Bornemisza. Madrid.
“La persistencia de la memoria” (1931). Óleo sobre tela. 24,1×33 cms. Museo de Arte Moderno. Nueva York.
“El destete del mueble alimento” (1934). Óleo sobre madera. 17,78×24,13 cms.The Salvador Dalí Museum, St. Petersburg. Florida.
“Bailarina-calavera” (1939). Óleo sobre tela. 24,8×20 cms. Colección Merz, en préstamo permanente al Kunstmuseum Lietchtenstein. Vaduz.
“El enigma sin fin” (1938). Óleo sobre tela. 114,5×146,5 cms. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Madrid.

Misticismo atómico nuclear

La explosión de la primera bomba atómica fue un acontecimiento de suma importancia en la concepción vital y artística de Salvador Dalí. Condicionó el modo en el que imaginaría su futuro y despertó el interés del artista por la física nuclear, un universo misterioso y desconocido.
La fascinación de Dalí por este universo invisible y trascendente, impregnó su obra de un misticismo atómico vinculado a un sentimiento de carácter religioso. De hecho, para el artista, contrariamente al tradicional enfrentamiento entre ciencia y religión, la matemática, la física, el saber científico en general apuntaba hacia la existencia de Dios, aunque él por su parte asegurara “pero yo no me lo creo”.
Consiguió sintetizar en sus cuadros los motivos místico-religiosos y los avances científicos vinculados a la energía atómica y la física cuántica. Los recursos plásticos que utilizó para tal fin son la fragmentación de los objetos en sus elementos constitutivos, a modo de átomos, y la levitación o supresión aparente de la ley de la gravedad. Los objetos parecen flotar en el aire para mostrar una representación atómica de la realidad.
En estas obras, Dalí parece detener el tiempo, mejor dicho, parece acceder al tiempo absoluto existente en el vacío primigenio que precede a todas las cosas y que necesita un fenómeno que lo haga fluctuar para actualizarse como, por ejemplo, una explosión atómica.

“Las tres esfinges de bikini” (1947). Óleo sobre tela. 40,6×51,4 cms. Morohashi Museum of Modern Art, Fukushima. Japón.
“Idilio atómico uránico melancólico” (1945). Óleo sobre tela. 66,5×86,5 cms. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Madrid.
“Galatea de las esferas” (1952). Óleo sobre tela. 65×54 cms. Teatre-Museu Dalí.

Geometría matemática

Desde la adolescencia, Salvador Dalí fue un estudioso de los temas científicos y sus avances en un amplio abanico de materias. Su biblioteca contaba con numerosos tratados matemáticos que desarrollaban los principios geométricos que fueron aplicados a la composición plástica por los artistas del Renacimiento; principios presentes, asimismo, en la organización de los elementos constitutivos de las formas naturales.
Dalí estudió la obra de Ramón Llull que intentó demostrar la existencia de Dios a través de la percepción matemática de figuras geométricas. Con la ayuda del matemático Matila Ghyka, profundizó en las posibilidades compositivas de la proporción aúrea, llegando a sintetizar en su obra “Leda atómica” siglos de tradición pitagórica en un análisis geométrico basado en el pentagrama místico de Pitágoras.
A lo largo de la historia del arte, diversos artistas han buscado un volumen geométrico simple al que se pudiera llegar a partir de cualquier forma compleja. Para Leonardo da Vinci fue el huevo, Ingres se decantó por la esfera, mientras que Cezánne eligió el cubo y el cilindro. Dalí, por su parte, encontró un volumen en el que halló equivalencia con las curvas de la anatomía humana: el cuerno de rinoceronte. Para el artista, esta forma era la representación de la geometría divina, puesto que se desarrollaba en una progresión espiral logarítimica.
Con el cuerno de rinoceronte como protagonista, Dalí organizó distintas intervenciones públicas en las que establecía vínculos con el cuadro “La encajera” de Vermeer de Delft. El propio artista realizó una versión de esta obra en la que la estructura compositiva quedaba definida con cuernos de rinoceronte.
Otro descubrimiento daliniano que fusiona mística y matemática es el hipercubo desplegado. Se trata de una estructura de 4 dimensiones constituida por cubos. Su virtualidad radica en la imposibilidad de existir corpóreamente en un mundo de 3 dimensiones. Por ello, resultó ser el soporte ideal para las imágenes religiosas vinculadas a la concepción mística de la matemática aplicada a los cuerpos geométricos.

“Figura rinoceróntica del Ilisos de Fidias (1954)”. Óleo sobre tela. 101,5×131 cms. Teatre-Museu Dalí.
“Leda atómica” (1947). Óleo sobre tela. 61×46 cms. Fundació Gala Salvador Dalí. Figueres.
“La madona de Port Lligat” (1950). Óleo sobre tela. 275,3×209,8 cms. Fukuoka Art Museum, Fukuoka. Japón.

Si deseas tener “Claves para entender a Dalí” en versión podcast para escucharlo en cualquier lugar, pulsa en la imagen siguiente:

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Enlaces recomendados:
Fundació Gala Salvador Dalí
Salvador Dalí en el Museo Reina Sofia
The Salvador Dalí Museum, St. Petersburg, Florida
Philippe Halsman & Salvador Dalí
La encajera y el cuerno de rinoceronte

Bibliografía:
Visa, Miquel. “Dalicedario. Abecedario de Salvador Dalí”. Ed. Milenio. Lleida. 2003.
Bou, Enric. “Daliccionario. Objetos, mitos y símbolos de Salvador Dalí”. Tusquets Editores. Barcelona. 2004.

El surrealismo del realismo pictórico norteamericano

“Busco la realidad impresa en la mente. La busco con tanta intensidad que vuelve a mí en sueños, pero no son sueños ni fantasía lo que retrato”.

George Tooker

Desde el 6 de octubre hasta el próximo 12 de febrero, el museo Whitney de Nueva York muestra la exposición Real/Surreal, una selección de sesenta y cinco obras pictóricas, fotografías, dibujos y grabados de su colección permanente. El leitmotiv de la muestra es establecer diferencias y puntos de contacto entre dos de las corrientes artísticas fundamentales del siglo XX, el realismo (en un sentido genérico) y el surrealismo.

El superrealismo (o surrealismo) cree en la existencia de una realidad superior basada en la libre asociación de ideas. Un pensamiento automático, puro, sin la intervención controladora de la razón lógica, al margen de prejuicios morales o estéticos. La expresión artística, en este sentido, se desarrolla a nivel del inconsciente, donde el ser humano no objetiva la realidad bajo un prisma analítico, sino que forma un todo con ella. El arte deja de ser representación para convertirse en comunicación vital del individuo con el todo.

El surrealismo no postula la revolución contra la “razón” de modo indiscriminado. Apoya la razón como medio de liberación que revela al hombre su situación en el mundo y lo invita a rebelarse contra lo impuesto. Se subleva contra la razón al servicio de la técnica que conduce a la acción humana por caminos preestablecidos, obligándola a ponerse a su servicio. Con origen en el Dadá, el surrealismo se enfrenta a la filosofía del racionalismo, a la que considera responsable, a través del progreso tecnológico de la revolución industrial, de la primera guerra mundial.

Esta oposición al desarrollo industrial y tecnológico que aisla al ser humano, obligándolo a vivir en una sociedad alienante, exigente y deshumanizada es un nexo de unión fundamental entre los realistas norteamericanos de principios del siglo XX y la filosofía del surrealismo.

Los artistas de la exposición Real/Surreal son realistas a nivel técnico, representan la realidad empírica fielmente (iluminación de las escenas, perspectiva …) y “superrealistas” en cuanto que sus obras no muestran una realidad objetiva, científica, sino una realidad superior, subjetiva, individual que se fusiona con el entorno destilando sentimientos como la soledad, el aislamiento, el desencanto, el ridículo, la presión social, el conformismo intelectual o la deshumanización.

Real/Surreal
"Subway" de George Tooker "Mirror of life" de Henry Koerner "The Dark Figure" de Federico Castellón
"Fantasia on a Theme by Dr S" de Paul Cadmus "Lily and the sparrows" de Philip Evergood "Terror in Brooklyn" de Louis Guglielmi
“Subway”. George Tooker. 1950. Temple al huevo sobre tabla.
“Mirror of life”. Henry Koerner. 1946. Óleo sobre tabla entelada.
“The Dark Figure”. Federico Castellón. 1938. Óleo sobre lienzo.
“Fantasia on a Theme by Dr. S”. Paul Cadmus. 1946. Temple al huevo sobre tabla.
“Lily and the sparrows”. Philip Evergood. 1939. Óleo sobre tabla.
“Terror in Brooklyn”. Louis Guglielmi. 1941. Óleo sobre tabla entelada.

La soledad cinematográfica de los personajes de Edward Hopper, la alienación social y el conformismo orweliano de las pinturas de George Tooker, la preocupación por las clases más desfavorecidas que destilan las obras de Philip Evergood, el gusto por el desarrollo industrial de Charles Sheeler, la caricaturización de la realidad social en los grabados y dibujos de Mabel Dwight, los ambientes de tinte surrealista de Helen Lundeberg componen un mosaico sociocultural en el que cada obra representa una faceta de la realidad norteamericana de la primera mitad del siglo XX.

Edward Hopper
"Hotel room" de Edward Hopper "New York movie" de Edward Hopper "Office at night" de Edward Hopper
"Room in Mew York" de Edward Hopper "Four lane road" de Edward Hopper "Freight car at Truro" de Edward Hopper
“Hotel room”. 1931. Óleo sobre lienzo. Museo Thyssen Bornemisza. Madrid.
“New York movie”. 1939. Óleo sobre lienzo. The Museum of Modern Art. New York.
“Office at night”. 1940. Óleo sobre lienzo. Walker Art Center, Minneapolis. Minnesota.
“Room in New York”. 1932. Óleo sobre lienzo. Universidad de Nebraska.
“Four lane road”. 1956. Óleo sobre lienzo. Colección privada.
“Freight car at Truro”. 1931. Acuarela. Colección privada.

Ver los átomos: Yayoi Kusama

Yayoi Kusama. Dots obsession Yayoi Kusama. Accumulation nº 1 Yayoi Kusama. I´m Here, But Nothing Yayoi Kusama. The moment of regeneration

Hasta el 12 de septiembre el museo Reina Sofía expone una muestra de pinturas, dibujos, collages, esculturas e instalaciones de la artista japonesa Yayoi Kusama. Su obra comparte atributos del minimalismo, el arte pop, el art brut y el performance art, aunque ella prefiere definirse como una artista obsesiva. Kusama ha tenido la capacidad de transformar las alucinaciones que sufre desde la infancia en una experiencia objetiva perceptible por todo aquel que observe su extensa producción artística. El resultado de sus visiones apunta a un estado contemplativo de la mente y del espíritu, producto de una iluminación intuitivo-intelectiva más que a la creación fantasiosa, traumática y alucinógena que la ha librado de la muerte, según ha afirmado en varias ocasiones. Los puntos de distintos tamaños y colores con que la artista cubre paredes, suelos, enseres e incluso a sí misma obvian el objeto/sujeto y nos adentran en su interior, en el universo microscópico de los átomos. Una butaca, una alfombra o una lámpara de pie están constituídas por redes de puntos-átomos que crecen sin fin a medida que ampliamos lo diminuto a escala humana. Los mismos puntos-átomos que recrean un pedazo de universo hasta el infinito en sus habitaciones recubiertas de espejos.

Sala de espejos infinitos. Llena del brillo de la vida. 2011

Obliteración es un concepto fundamental en el proceso creativo de Yayoi Kusama. En su afán por llenar la superficie plástica por completo, realizó una serie de lienzos enormes cubiertos por pinceladas que se repiten incansablemente con un leve movimiento de muñeca. El resultado son los Infinity Nets Paintings (Cuadros de redes infinitas). El hecho de llevar a cabo el mismo gesto a un mismo ritmo denota un estado de meditación relacionado con una expresividad que se manifestará poco después en el arte conceptual. Sus Accumulation Sculptures (Esculturas acumulativas) se nutren también de la Obliteración. Obliteración entendida no como obstrucción, sino como el acto de anular, borrar o tachar. Al cubrir un sillón con falos de tela rellenos deja de ser un objeto cotidiano, pero lejos de desaparecer pasa a convertirse en un elemento de protesta contra lo cotidiano y los roles femeninos tradicionales.

Entrevista a Frances Morris: Yayoi Kusama from Museo Reina Sofía on Vimeo.

Yayoi Kusama es una de las pioneras del arte contemporáneo. Desde sus inicios no ha ocupado el lugar relevante que le hubiera correspondido debido a que nunca ha querido adherirse a ningún grupo o manifiesto. Siempre se ha mantenido en una postura independiente al margen de clasificaciones estéticas. Su único objetivo con respecto a la primera exposición retrospectiva que se muestra en nuestro país es:

“Quiero explorar mi propia humanidad y la visión del mundo. Establecer un camino para mi búsqueda de la verdad”

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