Postales surrealistas III

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Paul Klee. “Casa giratoria”. (1921). Óleo y lápiz sobre estopilla de algodón. 37,7 x 52,2 cm. Museo Thyssen Bornemisza. Madrid.

¿Es mejor la levedad que el peso?
Arrastrar una pesada carga es una tarea agotadora que exige mucho esfuerzo. Resulta más agradable llevar un globo de helio, que flota en el aire, sujeto por un cordel. Sin embargo, el globo puede elevarse y desaparecer de nuestra vista, mientras que la carga permanecerá allí donde la dejemos.
Entonces, ¿es mejor el peso que la levedad?
En su caso, la cuestión no era tan sencilla.
Aún era un bebé, cuando su familia se mudó a la casa que se elevaba solitaria en lo alto del cerro.
– Tendremos unas vistas estupendas -solía repetir su madre.
Había algo extraño en esa casa. Parecía que tuviera vida propia y cierta conciencia de sí misma.
Una mañana abrió los ojos y se topó de frente con la lámpara del techo de su habitación. Miró a su alrededor. Todas las cosas levitaban y ella flotaba también.
Salió de su cuarto, nadando por el aire. Los muebles se habían despegado del suelo y se movían livianos como halcones que planean aprovechando las corrientes. La casa se elevaba ya un par de metros sobre el cerro y amenazaba con salir volando hacia un destino incierto.
Alguien recordó la manivela giratoria gigante que había en el sótano. Nadie sabía cuál era la utilidad de aquel artefacto y permaneció en la casa pese a la insistencia de su madre por deshacerse de ella.
Tocado por una especie de iluminación espiritual, su padre bajó al sótano y comenzó a girar la manivela con todas sus fuerzas. La casa empezó a rotar sobre su eje central, con tanta intensidad que los muebles amenazaban con romper las paredes y salir despedidos, mientras ella y su hermano mayor comenzaban a vomitar.
– Gírala más despacio -gritaba su madre-. Los niños se están mareando.
Al aminorar la velocidad de giro, los muebles se apoyaron en el suelo y ella y su hermano cayeron sobre el sofá, mientras su madre comprobaba que la casa pisaba tierra firme.
Cuando el padre, sudoroso, comenzaba a dar muestras de agotamiento, descubrieron un mecanismo para activar el giro automático y un regulador de la velocidad.
Crecía con un horizonte que cambiaba permanentemente. No podía fijar la mirada en un punto para dejar volar su imaginación y se mareaba cuando tenía que salir a la calle. Vivía en una casa tan liviana que el único modo de llevar una existencia estable era el movimiento.
Claro, entonces es mejor el peso, ¿no?

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Postales orgánicas VI

 paul_klee_feuerquelle
Paul Klee. “Feuerquelle (Fuente de fuego)”. (1938). Colección privada. Suiza.

No es fácil crecer con la incertidumbre de carecer de identidad propia. Aunque sabía perfectamente lo que era, vivía atormentada porque, cuánto más se identificaba consigo misma, más efímera y menos consistente se sentía. “Siempre seré una etapa de algo que quizás no suceda nunca”, pensaba en silencio.
Le gustaba imaginar que la realidad estaba constituida por procesos, no por objetos, y que todos aquellos que se sentían orgullosos por tener una identidad que los definía, no eran más que una unidad sincronizada de varios procesos complejos.
Animada por estos pensamientos, se quedó mirando al aire y tropezó con la brizna de una flor de diente de león que se elevaba gracias al viento. Envidió su libertad y tomó la firme decisión de viajar por el mundo y dibujar una ruta que pudieran seguir todos los que se sintieran incompletos como ella.
No esperó más, apoyó el carbón en el terreno, decidió la dirección que iba a tomar y, con la luz de su brasa como guía, empezó a moverse dejando un rastro negro tras de sí. Sólo era un ascua, un rescoldo, pero no tenía ninguna intención de convertirse en ceniza.

Kupka, Kandinsky, Klee (III)

“La música es para mí como una bien amada embrujada”.

Paul Klee

escena de la ópera cómica El navegante
Paul Klee. Escena de batalla de la ópera cómico-fantástica “El navegante”. (1923). Acuarela, óleo y gouache sobre papel sobre acuarela y tinta sobre cartulina.
34,5 x 50 cms.  Kupfterstichkabinett, Colección Pública de Arte. Basilea.

Paul Klee nació y creció rodeado de música. Su padre fue profesor de música, su madre estudió canto en el conservatorio y él mismo comenzó sus estudios de violín con 7 años, llegando a ser músico de la Orquesta Municipal de Berna.

A lo largo de toda su vida interpretó obras de Mozart, Bach, Beethoven y Offenbach acompañado por su mujer, la pianista Lily Stumpf, y algunos amigos.

La música está presente en su producción plástica, a veces como estética figurativo-narrativa, otras como sonido pictórico abstracto. Al igual que Kupka y Kandinsky, Klee buscó la estructuración de elementos de la música para aplicarla a sus obras y llegar a la abstracción. Ninguno de ellos, sin embargo, estudió tan concienzudamente las estructuras del lenguaje musical como el propio Klee, buscando el sistema que le permitiera codificar la expresión plástica del modo en el que se organiza la musical. Su investigación le permitió afirmar que “el espacio es él mismo una noción temporal”, en consecuencia, la música pasaría a ser una manifestación artística del espacio y las artes visuales lo serían del tiempo.

Sonido antiguo de Paul Klee Canto árabe de Paul Klee Polifonía de Paul Klee
“Sonido antiguo, abstracto en negro”. (1925). Óleo sobre cartulina. 38,1 x 38,1 cms. Kunstsammlung Basel. Basilea.
“Canción árabe”. (1932). Colección Phillips. Washington D. C.
“Polifonía”. (1932). Témpera sobre lino. 66,5 x 106 cms. Kunstmuseum Basel. Basilea.

Klee, como Kandinsky, está interesado por el dibujo infantil como expresión del pensamiento en forma de imágenes, totalmente al margen del concepto. Su actividad artística estará orientada a conseguir la comunicación de la imagen en estado puro, sin transformarla en una copia de sí misma. Busca la expresión de la imagen subjetiva mental inicial antes de ser filtrada a través del tamiz del pensamiento.

Con el espacio plástico convertido en tiempo y la imagen concebida como sustancia mental, la obra de Paul Klee se nutre de los siguientes principios:

  • Racionalidad/Irracionalidad
    Klee integra elementos opuestos desde un punto de vista racional para proteger la subjetividad de la imagen primigenia, dotándola de un toque de objetividad que la prepare para la comunicación intersubjetiva entre el artista que emite el mensaje y el espectador que lo recibe. Análisis de las ciencias exactas con la intuición, apariencia e interior de las cosas, objeto humanizado y sujeto objetualizado, movimiento y estatismo, lo físico y lo ideal … conviven elaborando el tejido expresivo de la obra.
Villa R Paul Klee Ad marginem Paul Klee Aventura de una joven Paul Klee Máquina temblorosa Paul Klee
“Villa R”. (1919). Óleo sobre cartulina. 26,5 x 22 cms. Museo de Arte.Basilea.
“Ad marginem”. (1930). Acuarela barnizada. 46,3 x 35,9 cms. Museo de Arte. Basilea.
“Aventura de una joven”. (1921). Acuarela sobre papel. 43,8 x 30,8 cms. Tate Modern. Londres.
“Máquina temblorosa”. (1922). Dibujo al óleo y acuarela sobre papel sobre cartulina. 41,3 x 30,5 cms. Museo de Arte Moderno. Neva York.
  • Misticismo
    Klee concibe la pintura como una forma de meditación interior. Utilizó los formatos pequeños para asumir la creación plástica como algo humilde, espiritual, onírico, candoroso. Supo encontrar lo grandioso sin caer en la estridencia o la ostentación.
    En “Confesión creadora”, el propio artista afirma:
    “Partiendo de elementos formales y abstractos y pasando por su conjunción en seres concretos o en cosas abstractas, con números y letras, se llega finalmente a crear un cosmos formal, el cual muestra tal semejanza con la gran Creación que basta un solo soplo para realizar la expresión de lo religioso, la religión misma.”
Jardín oriental Paul Klee Guardián celeste Paul Klee Pez mágico Paul Klee Paisaje con pájaros amarillos Paul Klee
“Jardín oriental”. (1937). Pastel. 36,1 x 28,2 cms. Colección Alsdorf-Winnetka. Chicago.
“Guardián celestial”. (1949). Pastel. Museo de Bellas Artes. Berna.
“Pez mágico”. (1925). Óleo y acuarela. 76,8 x 98,1 cms. Museo de Arte. Filadelfia.
“Paisaje con pájaros amarillos”. (1923). Colección Doetsch Benzinger. Basilea.
  • Figuración/Abstracción
    Aunque la obra de Klee se mueve entre la abstracción y la figuración no se rige por la poética de la ambigüedad. A Klee le basta un punto en el que apoyarse para dar una consistencia física a la imagen mental sin alterar su riqueza subjetiva. Emplea, como buen maestro, todas las técnicas a su alcance y hace lo propio con los elementos expresivos que le resulten útiles. No desdeña la apariencia, la considera insuficiente por lo que debe ser investigada para ser superada y ampliada. “El objeto se amplía hacia su interior, por encima de sus apariencias, a través de su conocimiento”, afirmaba en una de sus exposiciones en la Bauhaus. Por otra parte, cuanto más valor se les asigne a los elementos formales y al grafismo puro en los que se asienta la representación gráfica, más nos adentraremos en la abstracción. Según palabras del propio Klee: “El arte no reproduce lo visible, sino que hace que algo sea visible”.
Jardines tunecinos sureños Paul Klee Hammamet con su mezquita Caminos principales y calles laterales Paul Klee Pequeña casa en Venecia
“Jardines (tunecinos) sureños”. (1919). Acuarela. 24,13 x 19,05 cms. Colección de Heinz Bergguen. París.
“Hammamet con su mezquita”. (1914). Acuarela y lápiz sobre papel. 20,6 x 19,4 cms. Colección de Heinz Bergguen. París.
“Caminos principales y caminos laterales”. (1929). Óleo sobre tela. 83 x 67 cms. Museo Ludwig. Colonia.
“Pequeña casa en Venecia”. (1933). Pastel. Museo de Arte. Basilea.
  • La conducta de los objetos y la objetualidad del sujeto
    Como docente de la Bauhaus, Klee orientó su enseñanza a proyectar casas, muebles, objetos capaces de insertarse en la vida social, teniendo en cuenta el espacio real de la existencia. En su obra pictórica, Los objetos también están dotados de este carácter de acontecimiento. Al modo de Heidegger, las cosas son un “sucediendo”, un espacio de encuentro de diversos caminos.
    El sujeto también está incluido en este lugar donde los caminos se entrelazan. Los ritmos de la actividad humana quedan registrados en el espacio en el que se desenvuelven. El sujeto forma parte, junto con el objeto, de esta malla que los interrelaciona entre sí y con el resto de la existencia.
Perspectiva de una habitación con sus habitantes Paul Klee Naturaleza muerta Paul Klee Conquistado Paul Klee Revolución del viaducto Paul Klee
“Perspectiva interior con gente”. (1921). Calco de óleo y acuarela sobre papel sobre cartón. 48,5 x 31,7 cms. Museo de Arte. Berna.
“Naturaleza muerta”. (1940). Óleo sobre tela. 100 x 80,5 cms. Colección Félix Klee. Berna.
“Conquistado”. (1930). Acuarela sobre papel. 41,6 x 34,2 cms. Fundación Paul Klee. Museo de arte. Berna.
“Revolución del viaducto”. (1937). Óleo sobre algodón sobre lienzo. 60 x 50 cms. Kunsthalle. Hamburgo.

Kandinsky logró convertir el campo caótico en espacio organizado. Klee va más allá transformando el espacio de Kandinsky en período de tiempo. Consigue convertir cada obra plástica en un fenómeno, en un acontecimiento que, enmarcado en un fragmento de espacio, posee un antes, un durante y un después. Este suceso, surgido de la traslación de la imagen mental, pura y subjetiva, sorprende al espectador, convirtiéndose en una cuestión abierta susceptible de tener múltiples interpretaciones. Cada uno encontrará la suya y, al hacerlo (y esto es lo grandioso de la obra de Klee), esa imagen primigenia, paradigma de la subjetividad, alcanzará cierta objetividad sin dejar de ser profundamente subjetiva. Cuanto más íntima resulta, más capacidad posee de empatizar con el que la percibe.

Bibliografía:
Argán, Giulio Carlo. “El arte moderno 1770-1970”. 1991. Akal.

Ingold, Tim. “Bringing Things to Life: Creative entanglements in a world of materials”
Heidegger, Martin. “Arte y poesía”. Fondo de Cultura Económica. México. 2006.