La línea del horizonte

“El cielo aquí es muy extraño. A veces, cuando lo miro, tengo la sensación de que es algo sólido, allá arriba, que nos protege de lo que hay detrás”.

(El cielo protector)

Paul Bowles

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Fotograma de “El cielo protector” de Bernardo Bertolucci.

Viajar ayuda a ordenar las ideas y asea las telarañas que permanecen adheridas a los rincones de la mente. No es necesario elegir un destino exótico, excitante, extranjero, o excesivamente costoso para que tenga lugar la transformación. Bastará con que se produzca un cambio en el horizonte particular de cada uno. En este sentido, el viaje ideal sería aquel que nos condujese al descubrimiento iniciático de la línea del horizonte.

El concepto de horizonte ha llevado a la creación de numerosas expresiones comunes en el lenguaje habitual referidas a una modificación del estilo de vida individual o colectiva: “ha perdido el horizonte”, “buscar nuevos horizontes”… Tanto es así, que la acepción metafórica del término ha arrinconado a su significación más perceptiva debido, principalmente, a los procesos automáticos de la vida en las grandes urbes, vinculados a ciertas rutinas nada propensas a la observación, que definen ciclos temporales cortos y rápidos.

Los traslados que suponen una alteración del horizonte perceptivo-visual van unidos a una evolución en el horizonte interior individual, que puede conducir a una transformación en el modo de enfocar la vida cuando el cambio remueve, con su trascendencia, los principios a los que nos aferramos. Otras veces, la necesidad espiritual de descubrir horizontes novedosos, como respuesta a las inquietudes recientes, lleva a la búsqueda de paisajes inexplorados que proporcionen un asiento visual a las nuevas ideas.

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Tierra de Campos
Lagunas de Villafáfila

Tabula rasa

La necesidad de “hacer tabula rasa” es un impulso que todos hemos sentido en alguna ocasión. A lo largo de la historia del arte numerosos artistas han abandonado su lugar de origen en busca de nuevas líneas del horizonte con el objetivo, consciente o involuntario, de exteriorizar su creatividad y plasmar su visión personal o transgresora del mundo.

Van Gogh, Gauguin, Warhol, Barceló… decidieron cambiar de horizonte en un momento crucial de sus vidas. Este “viaje” les permitió hallar un modo personal de expresión a través del cual crearon las obras que hoy son muestra imprescindible de la creatividad artística.

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Paul Gauguin. “Paisaje tahitiano” (1891). Óleo sobre lienzo. 67.95 x 92,39 cm. The Julius C. Eliel Memorial Fund.
Vincent Van Gogh. “Campo de trigo bajo nubes de tormenta” (1890). 50 x 100,5 cm. Van Gogh Museum. Amsterdam.
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Miquel Barceló. “En Mali” (1989). Grabado con mancha de aceite. 50 x 65 cm. Presentado con la edición de lujo del libro “Miquel Barceló in Mali”. Galería Bruno Bischotberger.
Andy Warhol. “Flores” (1970). Serigrafía. Cuatro módulos de 91,5 x 91,5 cm.

Otros artistas buscan perspectivas naturales en parajes pintorescos para desarrollar su actividad creativa de un modo interactivo con el medio. Establecen una relación privilegiada con el entorno seleccionado, que les lleva a intervenir en el paisaje con una intención artística. El resultado supone una alteración de la línea del horizonte de carácter efímero, expuesta a la acción de la erosión y de los fenómenos climatológicos. El empleo de materiales presentes en el paisaje de manera natural y la interacción, respetuosa con el medio ambiente, incluyen a estas manifestaciones artísticas dentro del movimiento denominado Land-Art.

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Christo y Jeanne Claude. Running fence, Condados de Sonoma y Marin, California. 1972-1976. Fotografía de Wolfgang Volz. © 1976 Christo.
Dennis Oppenheim. Siembra de trigo dirigida, Holanda.
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Robert Smithson. Spiral Jetty, Rozel Point, Great Salt Lake City, Utah. 1970. © Dia Art Foundation.
Walter De Maria. The Lighting Field, Western New Mexico. 1977. Fotografía de John Cliett. © Dia Art Foundation.

Van Gogh y Gauguin buscaron un horizonte que les ayudase a plasmar su creatividad en un lienzo. Los artistas del Land-Art eligen un panorama para manipularlo en función de su expresividad artística. Los primeros exploran y descubren, los segundos buscan, interactúan y encuentran.


La importancia de la línea del horizonte está íntimamente relacionada con la experiencia perceptiva individual. Todo aquello que percibimos a la altura de los ojos, en el plano del horizonte, ejerce mayor influencia en nuestra vida, ya que se encuentra en el campo visual que abarca nuestro ángulo de visión. Fuera de este ángulo, poseemos una percepción secundaria que nos informa de lo que hay alrededor, aunque no queda registrado perceptualmente en la memoria, en la mayoría de las ocasiones.

La elaboración de imágenes mentales depende, entre otros factores, de la percepción. No es de extrañar, por tanto, que la línea del horizonte y su amplitud sirvan de alimento a la imaginación, al establecimiento de relaciones entre conceptos y a la serenidad espiritual; circunstancias que invitan a detener el tiempo y a la observación del entorno desde un punto de vista reflexivo y filosófico que permite ver claro aquello que estaba enmarañado y ser conscientes de lo que nos pasa desapercibido si caminamos por la vida con orejeras.

Enlaces recomendados:
Van Gogh Museum
Minneápolis Institute of Arts
Dia Art Foundation
Miquel Barceló
Dennis Oppenheim
Robert Smithson
Christo and Jeanne Claude
Buhócratas

El valor de un cuadro

El pasado 29 de junio Miquel Barceló se convirtió en el artista español vivo más cotizado en el mercado del arte. Christie´s vendió su obra “Faena de muleta” por 4,4 millones de euros, frente a los 1,9 millones de euros que alcanzó en su día la obra “Torres blancas” del artista Antonio López, líder hasta ahora en la lista de los autores españoles vivos más cotizados. En la misma subasta la obra “Mao” de Andy Warhol rozó los 11 millones de euros y “Estudio para un retrato” de Francis Bacon alcanzó los 20.
Cabe preguntarse ¿es mejor un artista cuánto más se paga por su obra? En realidad no. El arte contemporáneo está más cotizado que el antiguo, según la valoración de Miguel Borja-Villel director del Museo Reina Sofía, “se paga más por un Bacon que por Brueghel”. Asumir que Bacon es mejor que Brueghel o viceversa es como afirmar que es mejor un estofado que el sushi. En mi opinión, el arte ha de apreciarse desde el valor artístico-estético-poético de la obra, no desde el punto de vista del gusto que es un fenómeno subjetivo y opinable.

En artfact.net se muestra un listado con los 100 artistas plásticos más cotizados a nivel mundial. Resulta curioso observar cómo  muchos de los creadores que aparecen en el ránking cumplen dos premisas bastante significativas:

– El carácter sorprendente-novedoso-transgresor de sus propuestas artísticas.
– El carácter provocador-excéntrico-extraordinario de sus vidas.

No quiero entrar en el tópico de que el malditismo vende, de que todo aquello que ataca las bases de la tranquilidad es buscado y deseado, bien por aburrimiento o bien por oposición. Es un hecho que sucede a diario en Internet y en las pequeñas o grandes revoluciones de la vida actual. Me pregunto: si Beuys no hubiera escapado a una muerte segura por congelación gracias a que los nativos de Crimea lo envolvieron en grasa de animal y fieltro ¿aparecerían ambos elementos a menudo en sus obras? Si Monet no acabara sus días casi ciego ¿se hubieran atisbado las bases del expresionismo en sus pinturas del jardín en Giverny? Si Warhol no hubiera pasado su infancia enfermo dibujando, escuchando la radio entre recortes de estrellas de cine ¿sería el artista más conocido del movimiento Pop Art?

El propio Barceló afirmaba en 1988 en sus “Cuadernos de África”:

“Pintamos porque la vida no basta. ¿Dije yo eso o lo leí en alguna parte? Creo que es mío. En cualquier caso, aquí la vida sí basta. Es casi excesiva”