2017

Guante de cetrería con reloj volador

El paso del tiempo es un reloj de múltiples esferas con diversas unidades de medida y diferentes mecanismos que marcan el cambio de un momento al siguiente. Este reloj gigantesco es capaz de medir segundos, instantes, recuerdos, horas, días, semanas, meses, trimestres, años… Como es un artefacto realmente prodigioso, posee la habilidad de contar el tiempo a distintos niveles.

Marca el tiempo que falta para que salga el tren, la hora de entrada al trabajo, la llegada del envío que esperábamos impacientemente o si hemos empleado demasiados minutos en acicalarnos para una cita a la llegaremos tarde. Mide cuántas horas perderemos en el atasco, en esa cena de compromiso o en convencernos de empezar a hacer algo aburrido pero necesario. Define cuánta vida le queda a Próxima Centauri, la distancia a la Nebulosa de Orión o la velocidad de giro de un electrón del átomo de Carbono.

Pese a ser fiable e implacable, este reloj puede expandir o encoger el tiempo. A veces los minutos parecen horas, los días instantes. Esa pareja que nos engañó hace años regresa al presente cuando nos sentimos inseguros y el nacimiento de un hijo borra los fracasos de ayer.

Aunque el paso del tiempo dicta la marcha de nuestras vidas, no puede imponer cómo hemos de experimentar cada momento. En nuestras manos está la capacidad de vivir cada etapa cómo se merece, cada acontecimiento por lo que es.

Aprender a valorar lo que vivamos y a luchar por lo que nos gustaría vivir es un buen propósito para empezar este año 2017 que acabamos de estrenar. Pongámonos a ello.

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2016

 nidada

En un entorno cambiante en el que la certeza se deteriora, las creencias firmes y asentadas se relativizan y las bases del conocimiento se convierten en posibilidad, perdiendo el estatus de verdad que habían alcanzado científicamente, resulta muy difícil creer en el futuro.

La fe es una actitud que permite al entendimiento y al espíritu confiar en la viabilidad o realización de algo. Más allá de su envoltorio de carácter religioso, la fe lleva implícita una doble vertiente: la de la confianza y también la de la verdad. No se trata de la pasividad del que “cree ciegamente” que algo ocurrirá a causa de las arcanas fuerzas del destino, sino de la autoconfianza necesaria para la consecución de un proyecto, el mantenimiento de una relación o el aprendizaje de una habilidad.

La fe no mueve montañas sin la actitud necesaria. La fe es empatizar, aprender a comunicarse, hallar las “herramientas” precisas para lograr algo, caerse y levantarse, tener la valentía de abandonar aquello que nos perturba o nos bloquea, saber mirar a las circunstancias de frente y desenmascarar a los manipuladores. Todo ello con la humildad del que sabe encontrar, no con la soberbia del que cree que ya no queda nada por aprender.

Mucha fe para todos en este año que comienza.

2015

el_mundo_en_las_manos

El inicio de un nuevo año es siempre el momento perfecto para hacerse nuevos propósitos, orientados a mejorar a aquellos aspectos de la vida que están incompletos o a la consecución de objetivos que se prometen como el medio de tener cierto estatus, mayor felicidad, más éxito social, mejor salud o forma física.

Es saludable buscar nuevas metas que precisan dosis considerables de empuje, optimismo e ilusión, alimentos imprescindibles para que cualquier espíritu crezca y se mantenga activo y en alerta.

La consecución de objetivos conlleva, además de la indudable satisfacción de la recompensa al esfuerzo realizado para conseguirlos, la conquista de una parcela de seguridad que nos protege de lo inesperado, de lo imprevisto. Cuando se alcanza una meta, tenemos, al menos por un instante, el mundo en las manos. Un mundo que se torna conocido, abarcable y amigable.

No olvidemos, no obstante, que, aunque el mundo existe, no es un ente absoluto, predeterminado y cerrado. Se construye día a día con las aportaciones de cada uno. La realidad de cada individuo encuentra en la de los demás compenetración o enfrentamiento, avance u oposición y en la medida que surja el entendimiento, se crearán nuevas conexiones que harán que el mundo evolucione o se estanque.

Alimentemos nuestro universo individual día a día y seremos dueños de las pequeñas o grandes conquistas en las que se basa la existencia.

Gracias a los lectores de Vitaminagráfica por haber estado ahí en el 2014. Espero que continúen estando en 2015. Que sea un buen año para todos.

“Year´s End” de Michael Manring del disco “Winter Solstice Reunion”

2014

tejer

Mirar al pasado ayuda a imaginar el futuro. Si lo que vemos nos entristece, la nostalgia se apodera de nosotros y tendemos a creer que “cualquier tiempo pasado fue peor”. Si nos alegramos de habitar el momento presente, a pesar de echar una ojeada a lo que ya pasó, nos proyectamos hacia el futuro y deseamos que suceda cuanto antes. No hay que olvidar que si vivimos en el ahora, aceptando el bagaje del ayer, somos dueños del mañana. Es una necedad sentarse a esperar que ocurra, ya que es tarea de cada uno construirlo. Empecemos enseguida, sin prisa.

Gracias a los lectores de vitaminagrafica durante el 2013 por estar ahí. Espero que continúen en el 2014. Mis mejores deseos para todos.

“Elegy” de Bill Douglas

Empieza 2013

estaca_de_baresAl terminar el año, tendemos a hacer balance de las experiencias que han ilustrado nuestras vidas los últimos doce meses, las relacionamos con otras anteriores y, a veces, tenemos la osadía de compararlas. Recordamos algunos momentos vividos, unos cálidos, otros tremendos, algunos alegres e injustos otros. En general, estrenar un nuevo año nos llena del regocijo de protagonizar flamantes vivencias, frescos propósitos y lograr algún que otro reto inalcanzable. Este entusiasmo no está exento, sin embargo, de un sentimiento de vértigo a un futuro desconocido, que se acurruca en un lugar indefinido entre el estómago y el intestino.

Gracias a todos los que han seguido vitaminagrafica durante el 2012 (espero que tengan la intención de hacerlo también en el 2013) y a todos los lectores ocasionales. Mis mejores deseos para este año que acabamos de estrenar.

“The impending Death of the Virgin Spirit” de William Ackerman.
Interpretada por Adam Werner y Michael Manring.