Postales surrealistas IV

Giorgio De Chirico-El regreso del poeta
Giorgio de Chirico. “El regreso del poeta”. (1911). Colección particular.

Habían aparecido silenciosamente, sin llamar la atención.
No se asemejaban a las cámaras que, de un día para otro, cuelgan en lo alto de un mástil para vigilar los movimientos en las grandes urbes. Tampoco a las margaritas que florecen para engrosar un matorral ya existente. Daba la impresión de que habían emergido del interior de la tierra. Se erigían en llanuras, cerros, mesetas… vacíos, sin nada alrededor que difuminara su protagonismo. No habían suscitado reacción alguna porque nadie había reparado en ellas.
A los siete días de su aparición, una columna hueca, estrecha y alargada, crecía al lado de cada una de ellas, como a un metro de distancia. Se desconocía quién había ubicado las torres en los lugares donde estaban y cuál era la utilidad de la columna que las acompañaba.
Se diría que eran torreones cilíndricos de cuatro pisos de altura. Su circunferencia exterior estaba formada por columnas unidas entre sí por arcos de medio punto. Carecían de ventanas y su porte concluía coronado por una cúpula anaranjada. No se podría afirmar que fueran construcciones clásicas ni modernas. Más bien parecían silos que aspiraban a convertirse en campanarios románicos.
Ningún indicio mostraba que estuvieran habitadas. Solo se erguían silenciosas en su ubicación.
La vida seguía a su alrededor. Los transeúntes caminaban rápido con la mirada perdida en sus tribulaciones. Los que tenían trabajo acudían a desempeñarlo, los demás fingían estar ocupados. Las parejas se besaban en la sombra, los perros se revolcaban en la hierba y los niños iban al colegio, pero nadie se fijaba en las torres.
Un músico callejero apoyó su guitarra en la torre que ocupaba el antiguo solar del depósito de agua. Miró al cielo y vio que salía algo de la columna que estaba al lado. Era humo blanco. No, eran palabras hechas de humo blanco. Sorprendido, cogió su guitarra y comenzó a cantarlas. Un grupo se congregó alrededor a escuchar mientras se movían al ritmo de la música. Cuando terminó la canción, habían olvidado quiénes eran y adónde iban. Se sentían capaces de emprender cualquier reto. Percibían su entorno como algo hermoso, amigable, lleno de posibilidades.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s