Postales orgánicas IV

 joan_miro_nocturno
Joan MIró. “Nocturno”. (1940). Gouache, temple al huevo, óleo y pastel sobre papel.
38 x 46 cm. Colección privada.

Vivir en la oscuridad le obligó a guiarse por la luz mental de sus pensamientos, por el movimiento rítmico de los que trajinaban a su alrededor, por la humedad del ambiente, por el cálido resplandor de alguna estrella errante. ¿El olor? No tenía sistema olfativo alguno. El sentimiento de pertenencia al oscuro microuniverso en el que se desenvolvía era su brújula.
Creció en un estado de superpoblación en el que el desconocimiento del entorno podía terminar con la digestión del vecino comestible más próximo, o en el proceso inverso si la situación no era tan favorable.
Un mundo incierto, sin duda.
Aunque se había acostumbrado a la penumbra eterna, un enorme regocijo le invadía cuando, una vez al año, todo quedaba bañado por una iluminación difusa. El túnel en el que habitaba se tornaba ligeramente translúcido y los movimientos peristálticos que traían el alimento resultaban más armoniosos y relajantes. Hasta la criatura más insignificante sabía lo que ocurría: ¡El verano había llegado al intestino!

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