La letra como signo gráfico

“Si recuerdas la forma de la cuchara con la que has tomado la sopa, es que esa cuchara tiene una forma inadecuada. Las cucharas y los caracteres de imprenta son instrumentos. Las cucharas sirven para llevar un alimento del plato a la boca y los caracteres para dar al espíritu un alimento que se encuentra en la hoja impresa.”

Adrian Frutiger

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La tipografía es un medio de organizar el lenguaje convirtiéndolo en un ente legible por medio de la composición de un sistema de símbolos convencionales, el alfabeto, cuyas unidades representan sonidos que se articulan para formar palabras que nombran objetos y conceptos.

La tipografía tiene un papel fundamental como vehículo del aprendizaje. La elección de la fuente adecuada facilita la lectura fluida y también la comprensión lectora, aunque en este punto intervengan, además, otros factores como la redacción del texto y la estructuración de contenidos.

La tipografía da forma al mensaje que se desea transmitir. Proporciona pautas al lector acerca del tono y el enfoque otorgado al contenido, lo que influye en la interpretación que, como receptor del mensaje, realiza del mismo.

Junto con otros elementos gráficos, la fuente modela la experiencia perceptiva y visual del lector, canalizando su atención a través del «cómo» para que pueda acceder fácilmente al «qué».

No hay que olvidar, además, que la tipografía desempeña una importante función expresiva, connotativa, más allá de los aspectos puramente visuales. La fuente define, con su fisonomía, su peso, la fuerza o sutileza de su línea, la relación entre sus espacios negativos y positivos o su intensidad sonora a quién va dirigido el mensaje, en qué época se ubica, si rezuma tradicionalismo o vanguardia o si vende un producto efímero o asentado en el tiempo y el espacio.

Desde un punto de vista tipográfico, la letra no constituye en sí misma una composición. Su función, en este sentido, se pondrá de manifiesto al ser utilizada en palabras, titulares, párrafos, bloques de texto… Sin embargo, gracias a sus atributos formales, a su forma de interactuar con el soporte que la contiene y con otros elementos como la imagen o la textura, manifiesta su poder icónico, simbólico y expresivo más allá de la legibilidad y la lecturabilidad. La letra forma parte de un sistema de signos profundamente implantado en el desarrollo del conocimiento, el aprendizaje y la comunicación, lo que le otorga una función casi orgánica en el desenvolvimiento habitual del ser humano. Esta organicidad constituye el «centro de gravedad permanente» a partir del cual cualquier cambio de roll, descontextualización, distorsión, reubicación o desdoblamiento de la fuente es fácilmente asumible por el receptor, ya que su imagen mental básica está perfectamente instaurada en el acervo cultural desde la infancia.

La letra como ideograma

Cada uno de los signos gráficos que componen el alfabeto de un idioma es una letra. Al tratarse de un signo lingüístico, la letra está constituida por tres elementos:

  • Significante.- Es la imagen acústica del signo lingüístico, es decir, el componente sonoro de la letra. Por ejemplo, para la consonante «R», el significante es el sonido alveolar vibrante que la define acústicamente.
  • Significado.- Es la representación mental, conceptual de la letra. Cuando pensamos en la consonante «R», el significado es la imagen mental que lleva asociada y la define conceptualmente.
  • Referente.- Es la realidad a la que el signo lingüístico hace referencia. En el ejemplo, el referente es la letra «R» en sí misma, como elemento constructor de palabras.

En el signo lingüístico la asociación entre significante, significado y referente es arbitraria e inmutable. La relación entre los tres elementos se establece por convenio, no como consecuencia de un paralelismo visual, sonoro o conceptual. Además, se trata de un vínculo permanente e invariable, ya que su alteración caprichosa pondría en peligro la comunicación entre los miembros de la comunidad.

Sin embargo, aunque la correspondencia entre significante, significado y referente es producto de un acuerdo social, existe cierta predisposición, quizás de carácter sinestésico, para asociar determinados sonidos a formas concretas. La sonoridad bilabial oclusiva de la «B» parece poner voz a formas redondeadas y suaves, mientras que la pronunciación velar y oclusiva de la «K» suena a formas más puntiagudas.

En el alfabeto latino, cada letra es un sonido, en oposición al chino o al japonés en los que cada signo representa un concepto, una idea, es decir, un ideograma.

Cada letra del alfabeto latino se relaciona de forma inmediata con el conjunto de palabras que empiezan por ella. Esta asociación tiene su origen en el método de aprendizaje de iniciación a la lectura en el que se vincula la imagen del objeto o concepto con la letra inicial de la palabra escrita que lo representa, así como con el término en sí mismo. Con este proceso se pretende «obviar» el carácter arbitrario y simbólico del signo lingüístico, uniéndolo en un todo con el concepto que representa como si de un ideograma se tratara.

La asociación inicial-palabra así como la relación entre la sonoridad del signo lingüístico y la forma que sugiere, permiten sustituir metafóricamente el significante por un significado más amplio y complejo. Si se incorporan, además, otros elementos de carácter gráfico que potencien el vínculo sonoro-formal, habremos convertido la letra en ideograma.

Los carteles de las obras teatrales del Centro Dramático Nacional, diseñados por Isidro Ferrer, aprovechan y desarrollan el elemento conceptual de las iniciales de los títulos para mostrar la razón de ser de las representaciones que publicitan. De un vistazo, el espectador toma conciencia de la temática y el tono de la obra, gracias al ideograma tipográfico que protagoniza el cartel.

Adentro de Isidro Ferrer-Centro Dramático Nacional Rinoceronte de Isidro Ferrer-Centro Dramático Nacional El testamento de María de Isidro Ferrer-Centro Dramático Nacional La ciudad oscura de Isidro Ferrer-Centro Dramático Nacional
Isidro Ferrer. Cartel de “Adentro” (2015). Centro Dramático Nacional.
Isidro Ferrer. Cartel de “Rinoceronte” (2014). Centro Dramático Nacional.
Isidro Ferrer. Cartel de “El testamento de María” (2014). Centro Dramático Nacional.
Isidro Ferrer. Cartel de “La ciudad oscura” (2015). Centro Dramático Nacional.

La letra como objeto

La identidad de cada letra viene definida por su estructura formal. Como signo lingüístico, esta correspondencia es única y recíproca. Como forma, al margen de la relación significante-significado-referente, cada letra es capaz de establecer vínculos con objetos semejantes, bien por su diseño formal o bien por éste y por la palabra que los designa. Así, la «O» puede expresar asombro, vacío, o ser el centro de una diana, la «Z» convertirse en una curva peligrosa o la «A» en un compás bigotera. Estas asociaciones son útiles, desde un punto de vista gráfico, para completar la composición de un artículo y transmitir al lector, de un vistazo rápido, información sobre el mismo, encabezar poderosamente un titular o participar en un juego competitivo que permite dinamizar los contenidos de la maquetación, sirviendo como caja de texto o como sistema para extraer citas.

O como diana Z curva peligrosa A como bigotera

Un gancho, una montaña, una rama, pueden surgir de una «g», una «M», una «r», con lo que, además de existir una relación de semejanza formal, son las iniciales de las palabras de los objetos que designan. Este doble vínculo permite su empleo como capitulares de apertura de capítulo, artículo o párrafo capaces de crear un foco de atención al que dirigir la mirada del lector y organizar la lectura.

G como gancho M como montaña R como rama

El monograma. Letras entrelazadas

Desde tiempos remotos, el ser humano ha reclamado la propiedad de objetos y animales o la autoría de elementos creados por él, mediante el grabado de marcas que atestiguaran su dominio o posesión. Se trataba de las iniciales del nombre a las que se añadían números en ocasiones y que han ido evolucionando hasta dar lugar a numerosas marcas comerciales en la actualidad. Estos conjuntos de letras entrelazadas, superpuestas o ligadas entre sí por medio de diversos recursos gráficos se denominan monogramas.

Originariamente, la costumbre de firmar con monogramas era habitual únicamente entre la realeza. En la medida que los nobles, señores y obispos fueron aprendiendo a escribir, se extendió progresivamente hasta quedar vinculada también a los oficios artísticos y artesanales. No es de extrañar, por tanto, que grandes firmas de moda de la actualidad exhiban un monograma en su imagen de marca: Louis Vuitton, Yves Saint Laurent, Chanel, Courréges, Loewe…

Louis Vuitton-monograma Chanel-monograma Yves Saint Laurent-monograma Loewe-mongrama
Monograma de Louis Vuitton
Monograma de Chanel
Monograma de Yves Saint Laurent
Monograma de Loewe 

La elección de la tipografía es fundamental en el monograma. Debe tratarse de tipos fácilmente identificables, individualmente y al enlazarse varias letras entre sí, que aporten exclusividad para diferenciarse del resto y cuyos atributos formales permitan el enlace o la superposición de manera natural. Las tipografías con serif posibilitan giros y enlaces de las letras por medio de los remates, sin embargo, son más problemáticas en la superposición debido a la dificultad de conseguir un resultado limpio y fácilmente recordable. Por el contrario, los tipos sans serif no presentan problemas por superposición, aunque son más difíciles de interconectar, sin comprometer la legibilidad, por la ausencia de remates.

El anagrama

Según la Real Academia Española, un anagrama es un símbolo o emblema constituido por letras. Cabe preguntarse qué diferencia existe, entonces, entre monograma y anagrama. El origen del monograma son los conjuntos de letras entrelazadas, superpuestas o interconectadas entre sí a modo de rúbrica. En el anagrama, las letras están construidas a partir de diversos recursos gráficos (texturas, incorporación de líneas interiores, tridimensionalidad, degradados tonales…). Su fisionomía inicial se transforma, estilizándose para constituir el símbolo o emblema que define la imagen corporativa, los valores y la actividad de la marca.

Como ya vimos, las letras están firmemente asentadas en el conjunto de conocimientos que asimilamos y son un vehículo fundamental para lo que deseemos aprender. Por ello, los anagramas, como conjuntos elaborados de letras, si son sencillos, compactos y atractivos poseen gran capacidad empática, son fácilmente asimilables y memorables.

Muchas empresas automovilísticas cuentan con un anagrama en su identidad corporativa, cuyo origen viene dado, en muchos casos, por la inicial del apellido de su fundador. Toyota, Volkswagen, Mazda, Lexus, Hyundai sintetizan en su anagrama un concepto del automóvil propio, que determina su relación con el conductor y con el mundo que le rodea. Las dos elipses de la «T» de Toyota representan el vínculo entre el cliente y la empresa. Se inscriben en una tercera que hace referencia al modo en el que este vínculo sustenta su progreso y asentamiento de la marca en el mundo. Mazda engloba, en su anagrama, los valores en los que se asienta su concepto de automóvil: progreso, nobleza y flexibilidad, reflejados en su «M» y su proyección de futuro desde el dinamismo, el movimiento y la búsqueda de nuevos retos, que se intuyen en la «V» a modo de alas que vuelan.

Volkswagen-anagrama Honda-anagrama Mazda-anagrama Toyota-anagrama
Anagrama de Volkswagen
Anagrama de Honda
Anagrama de Mazda
Anagrama de Toyota

El anagrama, presente en la imagen de marca de empresas dedicadas al desarrollo de software, hardware o de elementos tecnológicos, es el responsable de que su identidad corporativa sea memorable y ampliamente reconocida, incluso entre los usuarios que no son habituales. QuickTime o Internet Explorer aprovechan la fisionomía de su inicial para sintetizar sus prestaciones en un anagrama significativo y atractivo. La incorporación de formas sencillas y degradados tonales convierten la «Q» en un reproductor multimedia y la «e» en el símbolo global de un navegador web.

Quicktime-anagrama Adobe-anagrama Vaio-anagrama Internet Explorer-anagrama
Anagrama de QuickTime.
Anagrama de Adobe.
Anagrama de Vaio (Sony).
Anagrama de Internet Explorer.

El logotipo

Etimológicamente, el término logotipo proviene del griego logos que significa «palabra» y de tipos que quiere decir «marca de golpe o escritura en forma de impronta». Tipo también hace referencia a las piezas de metal utilizadas en imprenta en las que están, en relieve, el juego de caracteres de un idioma.

A menudo se suele emplear el término logotipo para designar la identidad corporativa de una marca. Esta apreciación es errónea, ya que el logotipo es, únicamente, la representación verbal de una o varias palabras por medio de la tipografía. No incluye, por tanto, anagramas, iconos o símbolos que pueden formar parte de la marca.

Si la identidad corporativa se basa en un logotipo, los elementos diferenciadores a través de los cuales la marca se posiciona visualmente son su nombre, la tipografía elegida para pronunciarlo y los colores que definan su imagen corporativa. La ausencia de un símbolo o icono gráfico centra la atención en una palabra, un nombre legible asociado a una función casi orgánica del ser humano, la lectura. Con lo cual, recordar esa palabra es rememorar la marca, sin más elementos intermediarios.

Lego-logotipo London Symphony Orchestra-logotipo Sony-logotipo Tour de Francia-logotipo
Logotipo de Lego
Logotipo de London Symphony Orchestra
Logotipo de Sony
Logotipo de Le Tour de France

En términos generales, el atractivo de un símbolo sencillo, compacto y atrayente es más poderoso visualmente que una palabra. Sin embargo, obliga al receptor a realizar el «esfuerzo» de establecer la relación que lo vincule con la marca que representa. El símbolo exige una lectura gráfica más avanzada, no habitualmente asentada en el desarrollo básico del conocimiento y, además, no se puede pronunciar, no forma parte de una experiencia comunicativa y vital como el signo lingüístico. De ahí, que algunas marcas, fuertemente implantadas y conocidas, opten por una identidad corporativa formada por un imagotipo con el fin de alimentar un poderoso vínculo entre el isotipo y el logotipo. Esta circunstancia unida a su fuerza diferenciadora y su memorabilidad les permite la utilización del isotipo en solitario, después de muchos años de unión de ambos elementos para lograr un vínculo indestructible.

Nike-imagotipo Apple-imagotipo Lacoste-imagotipo Vodafone-imagotipo
Imagotipo de Nike
Imagotipo de Apple
Imagotipo de Lacoste
Imagotipo de Vodafone

Composición tipográfica

Por su condición semántica y gráfica, la letra puede ser considerada una entidad doble con múltiples posibilidades expresivas. Como signo lingüístico, está constituida por significante, significado y referente, es decir, posee una vertiente sonora y otra conceptual que se hacen visibles en una apariencia “física”. Si nos centramos en la faceta visual del tipo, abandonando el aspecto semántico, tenemos un signo gráfico, un elemento visual que adopta distintos significados en función de la modificación de sus atributos formales y expresivos y de su habilidad para asumir como suyos otros nuevos.

Se denomina composición tipográfica a la capacidad que, como signo gráfico, posee la letra para interactuar con otras letras y asumir elementos plásticos básicos, renunciando en parte a sus atributos formales, para crear estructuras gráficas, más o menos complejas, dotadas de expresividad visual. Es importante señalar que la pérdida de diseño del tipo suele traducirse en una revalorización de la contraforma de la fuente frente al negro de la misma, sin que ello suponga una total pérdida de su identidad.

En la composición tipográfica, la letra pierde el contenido semántico que posee como signo lingüístico y su referente se ve modificado al comportarse como signo gráfico. Sufre una descontextualización por la que abandona su funcionalidad habitual para formar parte de una entidad gráfica más compleja, convirtiéndose en un elemento que, unido a otros, es capaz de transmitir conceptos.

Cualquier letra en función de la forma, el peso, el contraste, la orientación de su eje, los detalles de sus curvas, las terminaciones de sus astas o la apertura de sus contraformas, puede ser elegante, ligera, agresiva, sensual, transgresora, etc. Esta capacidad comunicativa de la tipografía tan utilizada por las marcas para “hablar” con su público objetivo por medio del logotipo, se amplía, conoce otra dimensión en la composición tipográfica, ya que la letra no está limitada por el contenido semántico de la palabra y puede asumir todas las posibilidades del signo gráfico.

La tipografía de formas curvas, peso intermedio y grosor ligeramente variable posee un “porte” fluido que la capacita para expresar conceptos como la sensualidad y la seducción. Este efecto se acentúa si el trazo concluye con terminaciones elaboradas, con elementos redondeados como lágrimas, gotas o botones y el acorde cromático de la composición incluye el negro y tonalidades de rojo o carmín.

Composición tipográfica sensual Composición tipográfica sensual 2 Composición tipográfica sensual 3
Composiciones tipográficas de formas curvas realizadas por Vitamina gráfica

Contrariamente a la laxitud o la blandura, la agresividad se asocia a formas puntiagudas, afiladas. Los tipos sobrios, con terminaciones agudas carentes de elementos decorativos, cuyo perfil sugiere formas cortantes, resultan agresivos. Si la composición se estructura dejando espacios vacíos que sugieren desequilibrio o suspense, pueden resultar, además, inquietantes.

Composición tipográfica inquietante Composición tipográfica inquietante 2
Composición tipográfica inquietante 3 Composición tipográfica inquietante 4
Composiciones tipográficas inquietantes de formas agresivas realizadas por Vitamina gráfica

La elegancia es gracia, nobleza y sencillez. También sofisticación y buen gusto. Una composición tipográfica elegante ha de contar con tipos livianos, que denoten interés por los detalles sin llegar a ser recargados, de trazo fluido y formas curvas.

Composición tipográfica elegante Composición tipográfica elegante 2
Composiciones tipográficas elegantes realizadas por Vitamina gráfica

En una composición tipográfica, aplicar la personificación a las fuentes empleadas genera distensión en el espectador y ayuda a transmitir un efecto cómico. Las letras se “agarran” entre sí o se vinculan para crear elementos gráficos divertidos que interactúan en un escenario lúdico. Se trata de tipos informales que parecen haber sido dibujados con rotulador, con formas sorprendentes y dinámicas, cuyas terminaciones crecen al margen del clasicismo sin caer en el feísmo o la anarquía.

Composición tipográfica cómica Composición tipográfica cómica 2
Composiciones tipográficas cómicas realizadas por Vitamina gráfica

Bibliografía: Frutiger, Adrian. “En torno a la tipografía”. Ed. Gustavo Gili. Barcelona. 2002.
Baines, Phil y Haslam, Andrew. “Tipografía: forma, función y diseño”. Ed. Gustavo Gili. Barcelona. 2002.
Enlaces recomendados:
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