El valor de un cuadro

El pasado 29 de junio Miquel Barceló se convirtió en el artista español vivo más cotizado en el mercado del arte. Christie´s vendió su obra “Faena de muleta” por 4,4 millones de euros, frente a los 1,9 millones de euros que alcanzó en su día la obra “Torres blancas” del artista Antonio López, líder hasta ahora en la lista de los autores españoles vivos más cotizados. En la misma subasta la obra “Mao” de Andy Warhol rozó los 11 millones de euros y “Estudio para un retrato” de Francis Bacon alcanzó los 20.
Cabe preguntarse ¿es mejor un artista cuánto más se paga por su obra? En realidad no. El arte contemporáneo está más cotizado que el antiguo, según la valoración de Miguel Borja-Villel director del Museo Reina Sofía, “se paga más por un Bacon que por Brueghel”. Asumir que Bacon es mejor que Brueghel o viceversa es como afirmar que es mejor un estofado que el sushi. En mi opinión, el arte ha de apreciarse desde el valor artístico-estético-poético de la obra, no desde el punto de vista del gusto que es un fenómeno subjetivo y opinable.

En artfact.net se muestra un listado con los 100 artistas plásticos más cotizados a nivel mundial. Resulta curioso observar cómo  muchos de los creadores que aparecen en el ránking cumplen dos premisas bastante significativas:

– El carácter sorprendente-novedoso-transgresor de sus propuestas artísticas.
– El carácter provocador-excéntrico-extraordinario de sus vidas.

No quiero entrar en el tópico de que el malditismo vende, de que todo aquello que ataca las bases de la tranquilidad es buscado y deseado, bien por aburrimiento o bien por oposición. Es un hecho que sucede a diario en Internet y en las pequeñas o grandes revoluciones de la vida actual. Me pregunto: si Beuys no hubiera escapado a una muerte segura por congelación gracias a que los nativos de Crimea lo envolvieron en grasa de animal y fieltro ¿aparecerían ambos elementos a menudo en sus obras? Si Monet no acabara sus días casi ciego ¿se hubieran atisbado las bases del expresionismo en sus pinturas del jardín en Giverny? Si Warhol no hubiera pasado su infancia enfermo dibujando, escuchando la radio entre recortes de estrellas de cine ¿sería el artista más conocido del movimiento Pop Art?

El propio Barceló afirmaba en 1988 en sus “Cuadernos de África”:

“Pintamos porque la vida no basta. ¿Dije yo eso o lo leí en alguna parte? Creo que es mío. En cualquier caso, aquí la vida sí basta. Es casi excesiva”

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